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Adicción al bronceado: joven no logra detenerse pese al miedo al cáncer

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Megan Blain, una residente de Seaham (Reino Unido), confesó a través de su cuenta en TikTok que lleva casi una década sometiéndose a sesiones de bronceado artificial y que, a pesar de las claras señales de alarma en su piel, no ha conseguido abandonar el hábito. Según relató, empezó a usar cabinas de rayos UVA a los 16 años y llegó a asistir al salón de bronceado hasta cuatro veces por semana, en ocasiones empleando aceite de bebé para intensificar el color. Durante más de un año se expuso diariamente hasta 30 minutos por sesión, e incluso recurrió a inyecciones de sustancias supuestamente bronceadoras, que le provocaron náuseas y pérdida de apetito.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica las cabinas de bronceado como carcinógenas para el ser humano, ya que la radiación ultravioleta (UV) incrementa el riesgo de melanoma y otros tipos de cáncer de piel. Aun así, Megan no logró percibir el peligro hasta que empezó a observar nuevas pintas y manchas: “Noté lunares en las manos, en la espalda, por todo el cuerpo. Vi una marca en la barriga que cambia de tamaño”. Relata que ha intentado acudir al médico en cinco ocasiones, pero se paraliza en la puerta de la consulta, temerosa de recibir un diagnóstico de cáncer cutáneo.

Este comportamiento encaja en lo que especialistas denominan “tanorexia”, una forma de adicción al bronceado que comparte rasgos con otros trastornos de conducta asociados a la imagen corporal. Quienes la padecen continúan buscando sesiones de rayos UVA pese a conocer los riesgos de la radiación, desarrollan tolerancia y muestran síntomas de abstinencia cuando intentan reducir la frecuencia.

En las redes sociales, Megan ha sido objeto de burlas: algunos la han comparado con una “patata frita quemada” o una “moneda sucia”. La joven asegura que no se percibe a sí misma como alguien de piel oscura: “Es como si fuera ciega a mi propio bronceado”, comenta. Actualmente está intentando espaciar sus visitas al salón y utiliza su visibilidad online para advertir a otros de la peligrosidad de esta práctica: “El vicio empeora, no recomendaría las cabinas de bronceado a nadie. Puedes volverte dependiente sin darte cuenta, como me pasó a mí”.

Detenerse a tiempo y someterse a revisiones médicas periódicas es fundamental para la prevención del cáncer de piel. La difusión de testimonios como el de Megan contribuye a concienciar sobre los efectos nocivos de la radiación UV artificial y a promover hábitos más seguros bajo el sol o con bronceadores sin rayos UVA.

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