Una historia insólita que combina una persecución policial y un perro que se quedó atrás ha llamado la atención en las redes sociales. En febrero de 2026, Charles Foy, de 41 años, circulaba por las calles de Runcorn, en Inglaterra, en un patinete eléctrico descrito como irregular. Iba acompañado por sus dos perros cuando los agentes le dieron la orden de detenerse. En lugar de obedecer, aceleró y huyó por las calles y los callejones de la ciudad.
Durante la persecución, uno de los animales, un labrador, no pudo seguir el ritmo del patinete y quedó atrás. Fue entonces cuando el episodio tomó un giro inesperado: uno de los policías decidió seguir al perro. El animal condujo al agente hasta la vivienda de su dueño, donde los policías iniciaron una búsqueda. Allí encontraron a Foy escondido en el ático, bajo materiales empleados para el aislamiento térmico.
Cuando los agentes le preguntaron por lo ocurrido, Foy dijo que estaba durmiendo y negó haber conducido el patinete eléctrico esa noche. Esa explicación no evitó que tuviera que responder por las infracciones relacionadas con el caso. En agosto de 2026, fue condenado a tres meses de prisión. También se le prohibió conducir durante cuatro años y tres meses.
La información disponible no precisa qué hacía que el patinete se considerase irregular ni detalla todas las circunstancias de la orden policial o de la huida. Por tanto, no permite concretar qué requisito concreto incumplía el vehículo. Sí indica que Foy circulaba con él cuando recibió la orden de parar y que, en vez de detenerse, se alejó de los agentes. La condena y la prohibición de conducir fueron comunicadas como parte del desenlace judicial del episodio.
El relato ha despertado interés, sobre todo, por la forma en que la policía localizó al hombre. La secuencia fue poco habitual: el conductor se marchó en el patinete, el labrador no pudo acompañarlo y un agente siguió al animal hasta la vivienda. Una vez allí, los policías encontraron a Foy oculto en el ático. El perro, que se había quedado atrás durante la persecución, terminó guiando a uno de los agentes hasta el domicilio de su dueño.
El caso también muestra por qué la versión ofrecida por una persona en el lugar de los hechos no necesariamente pone fin a una investigación. Foy negó haber conducido el patinete aquella noche, pero, según el relato, las autoridades siguieron adelante con el procedimiento y el asunto llegó a los tribunales. La resolución conocida incluyó tanto una pena de prisión como una prohibición de conducir por un periodo superior a cuatro años.
La historia quedó marcada por el contraste entre la huida y el desenlace: Foy intentó escapar de los agentes, pero uno de sus propios perros terminó conduciendo a la policía hasta su casa. El labrador no pudo seguir la velocidad del vehículo, aunque su presencia permitió que un agente lo siguiera y llegara al inmueble. Allí, los policías localizaron al hombre escondido bajo materiales aislantes en el ático. En agosto de 2026, la condena puso fin al recorrido judicial descrito en la información.


