Camila, madre de Nathalia Gadelha Filgueiras, de 20 años, habló en entrevistas con medios estadounidenses sobre la pérdida de su hija, fallecida el domingo 1 de noviembre en el accidente de un avión privado en Florida. Nathalia, de familia brasileña, era una de las nueve personas que viajaban a bordo. Desde la adolescencia había comenzado a perseguir su sueño de trabajar en la aviación.
En una entrevista con el diario *New York Post*, Camila explicó que siempre animó a su hija a seguir esa carrera, aunque le preocupaban los riesgos de la profesión. «Quería que viviera su sueño, pero sabía que ese sueño sería lo que la alejaría de mí», declaró al periódico.
Nathalia habría cumplido 21 años en enero de 2027. Obtuvo la licencia de piloto a los 17 años y, antes del accidente, acumulaba más de 1.300 horas de vuelo, según informaciones publicadas por G1, CNN y BBC News Brasil. Había empezado a pilotar antes incluso de aprender a conducir un coche y quería desarrollar su carrera en la aviación.
Al recordar los logros profesionales de su hija, Camila expresó también el orgullo que sentía al verla avanzar. «Estaba muy orgullosa de ella. Sabía que estaba viviendo su sueño», señaló al *New York Post*. En otra entrevista, con *The New York Times*, explicó que a Nathalia «le encantaba la libertad» que le ofrecía la aviación y que, para ella, «era completamente diferente ver el mundo desde arriba».
La joven viajaba como copiloto en un Learjet 60 que había despegado de Austin, Texas, con destino a las Bahamas. El avión salió a las 9.36, hora local, y se estrelló alrededor de las 12.50 en una zona residencial del condado de Palm Beach, en Florida. Los datos del servicio de seguimiento aéreo FlightRadar24 indicaron que la última velocidad registrada antes del impacto fue de aproximadamente 430 kilómetros por hora.
Durante los últimos minutos del vuelo, Nathalia estaba en la cabina junto al comandante Jeff Gregory, de 55 años. Según los registros de las comunicaciones, ella informó al control del tráfico aéreo de los problemas que afrontaba la aeronave. Antes de declarar una emergencia, comunicó que se estaba formando hielo y que había turbulencia moderada. También indicó que el avión había entrado en una zona de precipitaciones y pidió autorización para ganar altitud.
La situación empeoró cuando la copiloto avisó de que el Learjet estaba perdiendo altura a una velocidad de 10.000 pies por minuto. En los instantes siguientes, la tasa comunicada aumentó a 20.000 pies por minuto, según los registros de audio. En los momentos finales de la comunicación, Nathalia advirtió de la posibilidad de que el avión chocara contra el suelo. Después de que se interrumpiera el contacto, un controlador intentó llamar de nuevo a la aeronave, pero no obtuvo respuesta.
El impacto provocó una explosión y abrió un cráter en el asfalto, cerca de Military Trail, una de las vías de la zona. Los restos quedaron esparcidos alrededor del lugar del accidente. Las informaciones publicadas señalaron que no hubo víctimas mortales en tierra.
El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, calificó el suceso en redes sociales de «horrible tragedia» y anunció que la Administración Federal de Aviación (FAA) enviaría un equipo para colaborar en la investigación. El Consejo Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) quedó a cargo de esclarecer las circunstancias del siniestro. Entre los elementos que se analizarán figuran las condiciones meteorológicas, los registros de la aeronave, las comunicaciones del vuelo y los restos hallados en el lugar. Las causas todavía no se han determinado.
Tras la muerte de Nathalia, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil dijo a BBC News Brasil que no había recibido solicitudes de asistencia por parte de la familia. No obstante, indicó que estaba disponible para prestar apoyo consular si se lo pedían.


