
Donald Trump evitó respaldar públicamente a Flávio Bolsonaro y no reconoció su proclamación como presidente electo de Brasil. (Foto: Instagram)
Donald Trump mantuvo una posición ambigua sobre la candidatura de Flávio Bolsonaro a la Presidencia de Brasil y no expresó públicamente su apoyo, a diferencia de lo que hizo con otros dirigentes de la derecha latinoamericana. Desde sus primeras declaraciones sobre los comicios, el presidente de Estados Unidos insistió en que no había tomado partido. Tras la derrota del senador, cuestionó el resultado sin aportar pruebas de fraude, pero tampoco respaldó su intento de presentarse como presidente electo.
Al referirse inicialmente a la votación, Trump dijo que el resultado le había parecido «muy malo» y que daba la impresión de que podía tratarse de «una elección fraudulenta», aunque recalcó que se había mantenido neutral. También afirmó que mantiene una buena relación con el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva: «Me gusta Lula. Me llevo muy bien con él». Según Trump, no se posicionó en la contienda porque el propio Lula le habría pedido que no lo hiciera.
Esa cautela contrasta con el respaldo que Trump ha ofrecido a otros políticos conservadores de la región. En septiembre aseguró que los candidatos latinoamericanos a los que había apoyado habían ganado y dijo que llevaba «nueve de nueve». Entre ellos mencionó al presidente argentino, Javier Milei, y al colombiano Abelardo de la Espriella, a quien apoyó durante la campaña. En junio, después de las elecciones colombianas, felicitó a De la Espriella y manifestó su interés en forjar una relación «poderosa» entre Estados Unidos y Colombia. También explicó que le había apoyado porque el candidato era un gran admirador suyo. En el caso de Milei, Trump lo ha definido como aliado del movimiento MAGA y ha vinculado la continuidad del apoyo estadounidense al resultado electoral de la coalición del argentino. Además, el Gobierno de Estados Unidos anunció un paquete de ayuda financiera de 20.000 millones de dólares para Argentina. Con el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, la cercanía se refleja sobre todo en la cooperación en materia de seguridad y en los elogios de miembros de la Administración estadounidense.
La segunda vuelta brasileña se celebró el 25 de octubre. El resultado oficial, confirmado por el Tribunal Superior Electoral, dio la victoria a Lula, con el 51,79 % de los votos válidos, frente al 48,21 % de Flávio Bolsonaro, que perdió por 4,43 millones de votos. Trump calificó la elección de «terrible» e insinuó que podía haber sido fraudulenta. El 27 de octubre volvió a sugerir irregularidades durante un mitin en Texas, aunque reiteró que no había tomado partido. La distancia respecto a su actitud con Flávio también se aprecia al compararla con el apoyo explícito que ofreció a Jair Bolsonaro durante la campaña presidencial de 2022.
Al día siguiente del mitin, Trump dijo que autorizaría la entrada de Flávio en Estados Unidos. El senador había salido de Brasil después de que Alexandre de Moraes, ministro del Supremo Tribunal Federal, le ordenara entregar sus pasaportes en el marco de una investigación. Llegó a Miami el 28 de octubre junto a familiares, tras pasar por Argentina y Ecuador. Según informaciones difundidas por medios estadounidenses, miembros del Gobierno de Estados Unidos estudiaron cómo permitir legalmente la entrada del grupo. La autorización se concedió mediante un permiso humanitario temporal, utilizado en circunstancias humanitarias o de interés público relevante. Jason Miller, asesor de comunicación de Trump y aliado de la familia Bolsonaro, confirmó que había organizado el avión privado que trasladó a Flávio y a sus familiares desde Argentina.
Ya en Estados Unidos, Flávio publicó una carta en la que se proclamaba «presidente electo» de Brasil. Trump evitó validar esa afirmación: dijo que no quería involucrarse y que únicamente habían autorizado la entrada del senador en el país. El 30 de octubre, medios estadounidenses informaron de que Trump no tenía previsto reconocer a Flávio como líder legítimo de Brasil. Las autoridades consultadas por Reuters, sin embargo, no descartaron que el presidente pudiera cambiar de postura.


