¿Niño y cafeína es una combinación buena? Según un nuevo estudio realizado por el King’s College London en el Reino Unido, los niños de 9 a 11 años que consumen mayor cantidad de cafeína tienden a dormir menos y presentan diferencias en la estructura cerebral. La investigación se publicó el pasado jueves 15 en la revista científica Biological Psychiatry: Cognitive Neuroscience and Neuroimaging y analizó datos de 9.632 menores.
Durante el estudio, los participantes informaron semanalmente la cantidad de bebidas con cafeína que ingerían, incluyendo refrescos, tés y cafés. Los progenitores respondieron además a cuestionarios relacionados con el tiempo medio de sueño de sus hijos. Paralelamente, se realizaron pruebas de imagen mediante resonancia magnética para evaluar el grosor y la superficie de la corteza cerebral, región que está estrechamente vinculada con funciones como la atención, las emociones, la toma de decisiones y el procesamiento de la información.
Los investigadores hicieron un seguimiento longitudinal de los menores. Tras seis meses y de nuevo 18 meses después de la primera evaluación, los niños repitieron las pruebas de consumo y los test de salud mental. Los resultados mostraron que aquellos que consumían cantidades más elevadas de cafeína presentaban un área de corteza cerebral menor, incluso después de controlar factores como el nivel socioeconómico de las familias. En el grupo estudiado, los refrescos fueron identificados como la principal fuente de cafeína.
El estudio destaca que se observaron diferencias en la estructura cerebral incluso en niños que consumían una sola bebida con cafeína a la semana. La investigadora Divyangana Rakesh señaló que la cafeína forma parte de la rutina de muchas familias, pero sus posibles efectos en los más jóvenes rara vez reciben la atención necesaria. Asimismo, advirtió que, pese a ser una sustancia psicoactiva, la cafeína no suele estar sujeta a regulaciones específicas que limiten su consumo en población infantil.
Además de las modificaciones en la estructura cerebral, los científicos hallaron asociaciones entre el consumo de cafeína y la aparición de problemas de humor, dificultades de atención y cambios en el comportamiento. El menor tiempo de descanso nocturno también pudo haber influido en estos resultados, dado que el sueño desempeña un papel fundamental en el desarrollo cognitivo durante la infancia.
La cafeína es un estimulante del sistema nervioso central que se encuentra de forma natural en plantas como el café, el té y el cacao. También se añade de manera artificial a refrescos y bebidas energéticas. En adultos, su consumo moderado se asocia a una mejora temporal del estado de alerta y la concentración, pero en menores las dosis adecuadas aún no están bien definidas y pueden variar en función del peso corporal y la sensibilidad individual.
Las técnicas de resonancia magnética empleadas en el estudio permiten medir de forma no invasiva el grosor cortical y el área de la superficie cerebral. Dichos parámetros se utilizan habitualmente en estudios de neurodesarrollo para identificar potenciales alteraciones asociadas a factores ambientales, genéticos o de estilo de vida. El córtex es la capa más externa del cerebro y su desarrollo resulta crítico para adquirir habilidades cognitivas complejas.
Este trabajo abre la puerta a futuras investigaciones que examinen de manera más detallada la relación entre el consumo de café, refrescos y tés en la infancia y el desarrollo neurológico. Los autores subrayan la importancia de analizar patrones de ingesta, posibles interacciones con el sueño y el estilo de vida general. Aunque los resultados muestran asociaciones, no establecen causalidad directa, por lo que se requieren estudios controlados adicionales para comprender mejor estos efectos y elaborar recomendaciones sobre la ingesta de cafeína en edades tempranas.


