
Carne de importación expuesta en un mostrador de carnicería antes de la subida arancelaria. (Foto: Instagram)
A partir del jueves 1 de octubre comenzará a aplicarse una nueva medida que incrementa la alíquota sobre las importaciones de carne, pasando a totalizar un 67% tras añadirse a la tasa arancelaria estándar del 12%. Esta decisión regulariza la carga impositiva que hasta ahora contemplaba únicamente el porcentaje base y refuerza el esquema de protección del sector cárnico.
Las alícuotas ad valorem, como la recién implementada, se calculan sobre el valor CIF (coste, seguro y flete) de la mercancía importada. En este caso, la tasa fija del 12% permanece vigente y la nueva levanta el gravamen para alcanzar el 67% total, elevando de forma sustancial el coste de entrada de carne extranjera en el mercado nacional. El cambio comenzará a regir este jueves, fecha en la que las organizaciones y los agentes aduaneros deberán contemplar el ajuste en sus facturas.
Este tipo de medidas se emplea habitualmente para proteger a la industria local ante la competencia foránea, garantizar la autosuficiencia productiva y evitar una saturación de productos importados que podría presionar a la baja los precios internos. Al aumentar el arancel, el gobierno busca favorecer a los criadores y frigoríficos nacionales, reforzando su capacidad de oferta y evitando que los envíos desde el exterior ingresen con ventajas excesivas de precio.
El impacto de la subida de la alícuota puede trasladarse en última instancia al consumidor, ya que el encarecimiento de la materia prima podría repercutir en las cadenas de distribución y venta al por menor. Sin embargo, también se prevé que el sector cárnico local se torne más competitivo ante un mercado donde los costos de importación se han elevado de manera notable. El efecto real sobre el precio final dependerá de las estrategias de absorción de costos que adopten productores y distribuidores.
En términos comparativos, el nivel arancelario ahora fijado se ubica entre los más elevados del mundo para productos cárnicos, superando con creces la media de países de la OCDE, donde los gravámenes suelen oscilar entre el 10% y el 30%. La alícuota del 67%, sumada a la histórica protección que ha recibido el sector, refuerza una política comercial orientada a sostener la producción interna y la generación de empleo en las zonas rurales.
La implementación efectiva de esta normativa exige que los importadores actualicen sus registros aduaneros y adapten su contabilidad para reflejar el nuevo porcentaje. Las autoridades competentes han emitido circulares informativas destinadas a despejar dudas sobre la metodología de cálculo y los plazos para el pago de la alícuota, evitando demoras o sanciones por incumplimiento.
En definitiva, con este ajuste vigente desde el 1 de octubre, la alícuota aplicable a la carne encarece significativamente la importación de este producto, en línea con la estrategia de defensa de la industria nacional y la preservación de los niveles de producción local. A partir de ahora, el 67% se convierte en la referencia para el cálculo de los aranceles de carne que ingresen al país.


