Relatos de personas que han atravesado los momentos finales de la vida o han vivido experiencias cercanas a la muerte describen una variedad de imágenes, sensaciones y percepciones. Estos testimonios, recogidos a lo largo de décadas tanto por investigadores médicos como por profesionales de la salud mental, incluyen desde la visión de familiares ya fallecidos hasta la sensación de abandonar el propio cuerpo.
Uno de los fenómenos más narrados es la aparición de parientes u otras personas queridas que ya han fallecido. Quienes han estado al borde de la muerte aseguran ver a estos seres sonriendo, conversando o extendiendo la mano en su habitación. En algunos casos, el encuentro con estos fallecidos transmite consuelo y reduce el miedo al tránsito final.
Otra experiencia recurrente consiste en atravesar un túnel de luz intensa y acogedora. Los pacientes suelen describir la sensación de ser atraídos suavemente hacia ese foco luminoso, al tiempo que sienten una paz profunda. Esta vivencia ha sido documentada en diversos estudios y se relaciona con la actividad cerebral de regiones vinculadas a la percepción visual y a la emoción.
También hay quienes aseguran que su propia vida pasa ante sus ojos en cuestión de segundos. Este fenómeno, conocido como “revisión de vida”, implica la recreación de episodios personales relevantes, acompañados de emociones azules o rojas que reflejan la intensidad de los recuerdos. La revisión de vida puede incluir experiencias tanto placenteras como traumáticas, y suele tener un efecto transformador en quienes la viven.
Asimismo, muchas personas relatan la sensación de “desprenderse” de su cuerpo y observar desde fuera la propia escena clínica. En estos casos, describen detalles concretos del entorno —como instrumentación médica o conversaciones— que luego pueden confirmarse con el personal sanitario. Este fenómeno, denominado experiencia extracorpórea, ha captado la atención de neurólogos y psicólogos por igual.
La disminución o desaparición del dolor físico es otro de los aspectos descritos. Se trata de una sensación de tranquilidad o de alivio inmediato frente a la agonía. Testimonios señalan que, justo en el momento de mayor gravedad, el malestar desaparece y es reemplazado por un sosiego sorprendente.
Algunas narraciones incluyen el encuentro con seres de luz o figuras luminosas que transmiten amor y aceptación. Estos “seres de luz” no siempre tienen forma humana definida, pero son percibidos como presencias amistosas que invitan a seguir adelante o a desistir de volver al mundo terrenal.
Por último, hay quienes mencionan escuchar melodías o armonías que nadie más percibe. Se trata de composiciones que no parecen corresponder a ningún instrumento ni idioma conocido, descritas como corales celestiales o acordes únicos que rodean a la persona en sus últimos instantes.
Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) han sido objeto de investigación desde mediados del siglo XX. El psiquiatra Raymond Moody popularizó el término “near-death experience” en 1975 tras entrevistar a cientos de pacientes. Desde entonces, estudios en el ámbito de la neurología han buscado explicar estos fenómenos a partir de la neuroquímica cerebral, mientras que disciplinas como la antropología comparan relatos de distintas culturas para hallar patrones universales.
Aunque no existe una teoría única que dé cuenta de todas las manifestaciones, la convergencia de testimonios en todo el mundo sugiere que estas experiencias tienen un componente neurológico común, unido a factores psicológicos y culturales. En cualquier caso, quienes las viven suelen describirlas como transformadoras, con un profundo impacto en su forma de entender la vida y la muerte.


