El pastor Fred Harris pasó años defendiendo la liberación de Gregory Green, condenado por matar a su primera esposa en 1991. Tras cumplir 16 años de prisión, Green obtuvo la libertad condicional en 2008 y, dos años más tarde, contrajo matrimonio con Faith Harris, hija del religioso. Años después, Green volvió a delinquir y asesinó a los cuatro hijos de la mujer.
Green llegó a la cárcel por apuñalar a su esposa embarazada en el rostro y el pecho. Después de cometer el crimen, telefoneó a la policía y permaneció en el domicilio hasta la llegada de los agentes, un comportamiento que en ocasiones se interpreta como un indicio de arrepentimiento inmediato.
Durante su condena, el pastor Harris, familiares y amigos enviaron varias cartas al tribunal de Michigan responsable de revisar la petición de libertad condicional. En una de ellas, Harris argumentó que Green era miembro activo de su iglesia y que, si se le concedía la salida temporal, la comunidad haría todo lo posible para facilitar su reinserción. “Green era miembro de su iglesia y, si se le otorgara la libertad, la comunidad haría todo lo posible para ayudarlo con la reinserción”, escribió el religioso.
En otra misiva al tribunal, Harris añadió: “Creo que ya ha pagado por su desafortunada falta de control y por el daño causado, y que siente remordimiento por ello”. Finalmente, en 2008, tras 16 años privados de libertad, Green salió de prisión con supervisión y varios requisitos de conducta.
Dos años después, Green se casó con Faith Harris. El matrimonio tuvo dos hijas, Koi y Kaleigh, además de los dos hijos que Faith había tenido en una relación anterior. En 2013, Faith intentó divorciarse, y volvió a solicitarlo en agosto de 2016. Sin embargo, en el mes siguiente, el hombre atacó brutalmente a la familia.
El 21 de septiembre de 2016, Green agredió sexualmente a Faith, le disparó en el tobillo y la ató en el sótano de la vivienda. Según el caso judicial, la obligó a presenciar cómo mataba a sus dos hijos mayores a tiros. En la planta superior, las dos niñas pequeñas fallecieron por inhalación de monóxido de carbono, un gas inodoro y peligroso que puede provocar asfixia al desplazar el oxígeno en ambientes cerrados.
A continuación, Green llamó de nuevo a la policía y esperó junto al domicilio hasta que llegaron los agentes, repitiendo el procedimiento de 1991. Tras ser detenido, fue juzgado y recibió una condena próxima a los 50 años de prisión, una pena que en la práctica equivale a cadena perpetua.
Durante la audiencia de sentencia, Faith describió a su exesposo como “un monstruo” y “un demonio disfrazado”, y afirmó que “ni la tortura ni la muerte harían justicia; tu justicia llegará cuando ardas en el infierno por toda la eternaidad por asesinar a cuatro niños inocentes”. Green admitió los hechos ante el tribunal: “Lamentablemente, quité la vida a Kaleigh, Koi, Chadney y Kara”, declaró, y añadió: “Siento profundamente el impacto de mis actos y espero que Dios ayude a todos los afectados y me ayude a mí también”.
El caso de Gregory Green ilustra la complejidad del sistema de libertad condicional en Estados Unidos, donde cada estado establece sus propios criterios de supervisión y evaluación del riesgo de reincidencia. Estudios sobre recidivismo señalan que la participación en programas de apoyo comunitario y religioso puede disminuir la probabilidad de nuevos delitos, aunque no elimina por completo el riesgo. Además, la ingestión accidental o deliberada de monóxido de carbono es una de las causas más frecuentes de intoxicación letal en el hogar, por lo que existen regulaciones sobre detectores de gas y ventilación en muchas jurisdicciones.
El testimonio de Faith Harris y la actuación del pastor Fred Harris han suscitado debates acerca del papel de las figuras religiosas en los procesos judiciales y de la eficacia de los sistemas de rehabilitación en prisión y de la libertad condicional en prevenir crímenes graves.


