
Un trabajador empuja un carrito bajo la mirada del Capitolio de La Habana mientras la isla busca iluminar su futuro con energía solar. (Foto: Instagram)
Cuba ha intensificado sus esfuerzos en diversificar su matriz energética mediante la construcción de parques solares, y China se ha convertido en el principal socio en este proceso. En los últimos años, el Gobierno cubano ha firmado múltiples acuerdos con instituciones y empresas chinas para el suministro de equipos fotovoltaicos, la financiación de proyectos y la transferencia de tecnología. China, con su vasta experiencia en energías renovables, ha proporcionado asistencia técnica y líneas de crédito preferenciales destinadas a impulsar la generación de electricidad a partir del sol en territorio cubano.
Ante las limitaciones derivadas del embargo y la necesidad de reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados, Cuba se ha visto obligada a buscar fuentes de energía más económicas y sostenibles. Tradicionalmente, buena parte de la electricidad de la isla procede de centrales térmicas que queman petróleo, un recurso cuyo precio al mercado internacional encarece significativamente los costes de generación. La apuesta por la energía solar fotovoltaica pretende, por tanto, mejorar la seguridad energética, reducir el gasto en combustibles y mitigar el impacto medioambiental.
El apoyo de China se materializa en proyectos piloto y plantas de mayor envergadura, distribuidas principalmente en zonas con mayor irradiación solar como Pinar del Río, Camagüey y el oriente de Cuba. Las empresas chinas han suministrado paneles, inversores y estructuras de montaje, además de formar a ingenieros y técnicos cubanos en operaciones de mantenimiento y optimización de las instalaciones. Los kits completos incluyen sistemas de seguimiento solar, capaces de incrementar la producción eléctrica hasta un 25 % frente a los paneles fijos.
Desde un punto de vista técnico, los parques solares cubanos se basan en la instalación de módulos fotovoltaicos de silicio cristalino, conectados a la red nacional a través de subestaciones transformadoras. Cada proyecto alcanza potencias instaladas que oscilan entre 5 y 50 megavatios, dependiendo de la extensión del terreno y de la financiación obtenida. La energía generada se inyecta a la red de distribución para el consumo residencial e industrial, contribuyendo a disminuir puntas de demanda y a compensar la generación con combustibles fósiles.
Históricamente, las relaciones entre Cuba y China se remontan a la década de 1960, cuando establecieron vínculos diplomáticos tras la Revolución cubana. A lo largo de más de seis décadas, ambos países han consolidado una alianza estratégica que abarca comercio, salud, educación y, más recientemente, energía renovable. Dentro del marco de cooperación sur-sur, China ha promovido inversiones en infraestructura y proyectos de desarrollo sostenible, reforzando su presencia en América Latina y el Caribe.
De cara al futuro, las autoridades cubanas esperan que la capacidad instalada de energía solar supere los 1.000 megavatios en la próxima década, una meta que aumentaría significativamente la proporción de renovables en la matriz energética nacional. Entre los retos figuran la mejora de la red de almacenamiento, la actualización de la infraestructura de transporte eléctrico y la obtención de financiación adicional. No obstante, la colaboración con China sigue siendo un pilar esencial para alcanzar los objetivos de diversificación y resiliencia energética de Cuba.


