Antônia Fontenelle volvió a comentar el proceso iniciado por la actriz Klara Castanho y afirmó que el episodio también marcó el fin de su amistad con el periodista Léo Dias. En una entrevista con Rodrigo Matarini, la influencer explicó que se sintió responsabilizada en solitario por la repercusión del caso y recordó distintos momentos de la audiencia que derivó en su condena.
Según Antônia, fue Léo Dias quien le transmitió la historia que involucraba a Klara Castanho. Ella manifestó que, tras estallar el caso en los medios, dejó de recibir apoyo alguno del periodista. “Mucha gente dice: ‘Léo te aprecia mucho’. Yo también le tuve gran estima, pero el problema en el que me metió después de todo esto de Klara Castanho… ahí queda claro que incluso un límite tiene sus límites. No volvió a ponerse en contacto conmigo ni salió públicamente a contar la verdad, al menos la verdad que me habían compartido”, afirmó la influencer.
La influencer también rememoró la audiencia del proceso y aseguró que accedió a la sala ya sabiendo, por indicación de su abogado, que su condena era un hecho. “Todos los demás llegaron a un acuerdo y yo acabé siendo la villana de la historia. Matheus Baldi (uno de los primeros columnistas en hacer pública la historia) testificó a su favor. Cuando entré —porque ella quiso dar su testimonio fuera de mi presencia y ni sé lo que dijo—, mi abogado me envió un mensaje al móvil: ‘Vas a entrar, pero ya estás condenada, ¿vale?’”, reveló Antônia.
A continuación, la influencer describió el momento en que la jueza reprodujo un audio que ella misma había publicado en sus redes sociales y narró cómo le impidieron manifestarse. “Entré y la jueza mandó a su asistente que trajera una caja de sonido, porque quería escuchar lo que yo había dicho en mi canal; si lo hubiera contado en voz baja, no habría tenido el mismo impacto. Entonces puso mi audio… Luego me preguntó: ‘¿Esa voz es tuya?’ Yo iba a responder: ‘No, Excelencia, esa voz no es mía. Es la de una mujer indignada’. Pero cuando intenté contestar, me dijo: ‘Cállese la boca, cállese la boca. Aquí no va a hablar’. ‘Usted no ha venido aquí para hablar. La audiencia no fue grabada’, añadió.
Antônia relató que abandonó el tribunal dejando a todos sorprendidos por el desenlace y señaló que la decisión se empezó a difundir de inmediato: “Salí de la audiencia, atravesé el túnel hacia una cafetería del Barra Shopping totalmente perpleja, intentando asimilar todo lo sucedido. Ya estaba en los periódicos; alguien lo había filtrado, o quizá fueron los propios abogados: ‘La jueza pone a Antônia en jaque, tiene que pagar 50 000…’. Y así la gente lo comentaba sin respetar que era un secreto de justicia solicitado por Klara”.
En Brasil, los procesos por difamación, calumnia e injuria están regulados en el Código Penal y en el Código Civil. La difamación consiste en atribuir un hecho que pueda dañar la reputación de una persona, la calumnia en acusar falsamente de un delito y la injuria en proferir ofensas directas. Estas causas suelen dirimirse tanto en el ámbito civil, con indemnizaciones por daños morales, como en el penal, donde pueden aplicarse penas de prisión. El “sigilo de justicia” es una medida destinada a proteger el contenido de las actuaciones, evitando filtraciones y resguardando la intimidad de las partes.
La 6.ª Cámara de Derecho Privado del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro, encargada de examinar recursos y sentencias en materia civil, incluidas las responsabilidades extracontractuales por delitos contra el honor, condenó a Antônia al pago de 50 000 reales brasileños (aprox. 9 000 euros) en concepto de daños morales. Esta decisión puede ser recurrida ante instancias superiores, aunque los procesos tienden a prolongarse y a generar amplio interés mediático.
El caso también tuvo repercusiones en el ámbito penal. En agosto de 2024, en la misma causa por difamación, la presentadora fue condenada a tres años y tres meses de prisión en régimen semiabierto. Este régimen permite al condenado cumplir parte de la pena en un establecimiento cerrado y el resto en un régimen más flexible, con salidas diurnas para trabajar o estudiar, siempre bajo supervisión de un servicio socioeducativo.


