
Palmeras dobladas por los vientos de la intensa tormenta. (Foto: Instagram)
La tempestad también dejó cuatro viviendas destruidas, 18 con daños graves y 271 con desperfectos leves en la zona afectada. Las cifras recogen el número total de inmuebles golpeados por la intensidad del fenómeno meteorológico, que combinó precipitaciones torrenciales y vientos sostenidos. De este modo, el balance estructural sitúa en cuatro el cómputo de casas que han quedado totalmente inservibles, mientras que otras dieciocho presentan daños de consideración que comprometen su habitabilidad. Al mismo tiempo, 271 hogares registran daños catalogados como leves, asociados a elementos no estructurales como cubiertas, cerramientos y revestimientos.
Se entiende por viviendas destruidas aquellas edificaciones cuyas estructuras principales han colapsado o sufrido fallos irreversibles. En estos casos, los cimientos, muros portantes y techos ya no garantizan la integridad del inmueble ni la seguridad de sus ocupantes. Los daños graves, en cambio, incluyen grietas profundas en muros de carga, deformaciones en los forjados y hundimientos parciales del tejado. Por último, los desperfectos leves suelen manifestarse en rotura de cristales, desprendimiento de tejas y humedades superficiales en fachadas o falsos techos.
Desde el punto de vista meteorológico, este tipo de tempestades se caracteriza por la rápida formación de nubes Cumulonimbus, capaces de liberar grandes cantidades de agua en pocos minutos acompañada de rachas de viento de alta intensidad. La mezcla de lluvia intensa y vientos laterales provoca una presión diferencial que afecta de forma desigual a los cerramientos y cubiertas de las casas. Además, la saturación del terreno puede generar movimientos del suelo y socavones en los cimientos, empeorando el estado de los edificios.
Para evaluar los daños, las brigadas técnicas despliegan protocolos de inspección estandarizados. Técnicos en edificación, arquitectos e ingenieros revisan cada inmueble para determinar el grado de afectación, utilizando criterios que van desde el estado de las vigas y pilares hasta la estabilidad de los elementos no portantes. Cada vivienda recibe una calificación oficial que distingue entre destruida, dañada gravemente o con desperfectos leves, lo que marca luego las ayudas y subvenciones a las que puede acogerse el propietario.
La recuperación de la zona contempla la reparación integral de las viviendas afectadas, la demolición de las ruinas irreparables y la puesta en marcha de planes de refuerzo estructural. En paralelo, los seguros y los fondos de reconstrucción facilitarán recursos para rehabilitar cubiertas, muros y acabados. Además, se prevé reforzar los sistemas de alerta temprana frente a posibles eventos similares en el futuro, así como promover mejoras en los materiales de construcción que ofrezcan mayor resistencia a tormentas extremas.


