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EE.UU. inicia nueva serie de ataques contra objetivos militares de Irán

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El Mando Central de Estados Unidos (Centcom) anunció que, en la tarde del miércoles 15 de julio, puso en marcha una segunda oleada de ataques contra instalaciones militares iraníes. Según la información difundida por las fuerzas armadas norteamericanas, el propósito de esta ofensiva fue neutralizar posiciones que representan una amenaza para las embarcaciones que transitan por el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más relevantes para el transporte global de petróleo.

En un comunicado oficial, el Centcom precisó que las operaciones comenzaron a las 15:00 hora de la Costa Este de Estados Unidos y se dirigieron a capacidades militares del Irán relacionadas con la seguridad de la vía fluvial. Los blancos incluyeron sistemas de defensa costera, depósitos de misiles de crucero y lanzaderas estacionarias con potencial ofensivo sobre buques comerciales que cruzan la zona.

Más temprano ese mismo día, las fuerzas estadounidenses ya habían llevado a cabo un ataque contra la Isla Tunb Mayor, ubicada estratégicamente a escasa distancia del Estrecho de Ormuz. Durante aproximadamente una hora y media, los misiles y sistemas de artillería de precisión destruyeron emplazamientos de defensa costera y plataformas de lanzamiento, según el parte militar. Esta isla es considerada por Irán como un punto esencial para el control y la vigilancia del tráfico marítimo que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico.

La ofensiva estadounidense, de acuerdo con Centcom, ha mermado de manera significativa la capacidad de Irán para lanzar ataques contra buques mercantes en la región. La isla alberga bases navales y acuartelamientos iraníes desde donde se monitorea el paso de petroleros y cargueros, lo que explica la insistencia de Washington en desarticular esos sistemas defensivos.

Este nuevo episodio bélico se produce en un contexto de renovada tensión entre Estados Unidos e Irán. La semana pasada, Washington reanudó los bombardeos contra objetivos iraníes tras dar por concluido el alto el fuego que regía desde el 17 de junio. Desde entonces, Teherán intensificó los ataques contra bases militares estadounidenses presentes en el Golfo, incluyendo instalaciones en Kuwait, Baréin, Catar y Jordania.

El Estrecho de Ormuz es un canal natural de menos de 60 kilómetros de ancho en su punto más estrecho. Se calcula que alrededor del 20 % del crudo mundial transportado por mar pasa por sus aguas, lo que convierte esta estrecha vía en un punto neurálgico para los mercados energéticos. Además, en la zona opera la V Flota de Estados Unidos, encargada de garantizar la libertad de navegación y de responder ante cualquier incidente que pueda poner en riesgo el suministro de hidrocarburos.

En un momento anterior, el presidente Donald Trump había anunciado su intención de imponer un gravamen del 20 % sobre las cargas que cruzaran el estrecho bajo supervisión estadounidense. Finalmente, la Casa Blanca reculó y afirmó que sustituiría ese arancel por compromisos de inversión por parte de los países del Golfo en Estados Unidos. Por su parte, el gobierno iraní sostiene que mantendrá el control sobre el Estrecho de Ormuz y ha advertido que responderá militarmente a cualquier acción contra sus fuerzas en la región. El ministro de Exteriores Abbas Araghchi llegó a ironizar sobre la propuesta de Trump, sugiriendo que Irán podría imponer un peaje a los buques que transiten por la ruta.

Este choque de estrategias subraya la complejidad geopolítica de la región, en la que confluyen intereses energéticos, militares y diplomáticos. En dichas circunstancias, la estabilidad del Estrecho de Ormuz cobra una importancia capital para los mercados internacionales, ya que cualquier escalada adicional podría repercutir en los precios del crudo y en la seguridad de la navegación civil.

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