El presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) declaró este martes (30/6) que Brasil hará “todo lo que esté a su alcance” para ayudar a Venezuela a lidiar con las consecuencias de los terremotos que asolaron el país la semana anterior, provocando casi 2.000 víctimas mortales. La afirmación se realizó durante una ceremonia en el Palacio del Planalto. Lula concluyó su intervención expresando solidaridad con las víctimas y solicitando un minuto de silencio en su memoria.
El presidente ya había mostrado su respaldo al país el pasado viernes (27/6), dos días después del primer seísmo. En esa ocasión, encargó a sus ministros que examinaran medidas de asistencia al Gobierno venezolano, con el fin de agilizar la respuesta humanitaria.
Como parte del apoyo brasileño, el ministro de Defensa, José Múcio, viajó este martes a Venezuela acompañado por la vicepresidenta de Vivienda de la Caixa Econômica Federal, Inês da Silva Magalhães, y por el secretario nacional de Vivienda del Ministerio de las Ciudades, Augusto Henrique Alves Rabelo. La comitiva se entrevistó con la presidenta de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, y con el ministro de Defensa de ese país.
El Gobierno brasileño ya ha desplazado cinco aeronaves de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) con equipos de rescate, personal sanitario y ayuda humanitaria. La operación moviliza bomberos militares, especialistas de la Defensa Civil, técnicos de la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel), además de medicamentos, purificadores de agua, un hospital de campaña y efectivos de la Armada.
Tras el encuentro, Múcio afirmó que Brasil está “a disposición” para colaborar en el proceso de reconstrucción de las zonas afectadas. Los dos principales terremotos ocurrieron en la región norte de Venezuela la noche del pasado miércoles (25/6), provocando graves daños en Caracas y en localidades cercanas. Fueron los movimientos sísmicos más intensos registrados en el país en más de un siglo, y desde entonces se siguen documentando réplicas de menor magnitud.
Según el balance más reciente divulgado por el Gobierno venezolano, los terremotos causaron 1.943 fallecidos y dejaron 10.571 heridos. Más de 6.000 personas fueron rescatadas con vida de entre los escombros. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que alrededor de 50.000 ciudadanos continúan desaparecidos.
Venezuela se sitúa en el llamado Cinturón de Fuego de América, una zona de elevada actividad sísmica derivada de la interacción de placas tectónicas. A lo largo de los últimos dos siglos, el país ha soportado varios terremotos devastadores: el más relevante tuvo lugar en 1812, cuando un seísmo generó un tsunami que afectó las costas caribeñas.
En emergencias de esta envergadura, agencias internacionales como la Cruz Roja y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU suelen coordinar el envío de suministros médicos, víveres y agua potable. La restauración de servicios básicos —electricidad, comunicaciones y accesos viales— se convierte en prioridad para facilitar las labores de socorro y evitar brotes de enfermedades infecciosas.
La implicación de la Caixa Econômica Federal, con su área de Vivienda, responde a su trayectoria en proyectos de reconstrucción tras catástrofes naturales. Por otro lado, la Agencia Nacional de Telecomunicaciones de Brasil (Anatel) colabora en restablecer y supervisar redes de comunicación en las zonas damnificadas, asegurando el flujo constante de información.
Este despliegue de ayuda se produce en un momento en el que Brasil, bajo la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, cumple su tercer mandato al frente del Ejecutivo. Lula asumió por primera vez en 2003 y, tras dos legislaturas, volvió a ser elegido para el periodo iniciado a comienzos de 2023.


