Un exoplaneta conocido por su tonalidad rosada podría albergar un fenómeno atmosférico raro. Observaciones realizadas por el Telescopio Espacial James Webb sugieren que GJ 504b posiblemente posee nubes compuestas por sales, una composición inédita para un objeto de este tipo.
El estudio fue publicado en la revista The Astrophysical Journal el 18 de junio y se basa en datos obtenidos por el James Webb para analizar la luz emitida o transmitida por el exoplaneta. Gracias a una técnica llamada espectroscopía, los investigadores han podido desglosar las longitudes de onda en el espectro de la luz y, a partir de ahí, identificar las sustancias presentes en la atmósfera de GJ 504b.
Descubierto en 2013, GJ 504b se encuentra a unos 57 años-luz de la Tierra y orbita una estrella semejante al Sol. Aunque es común referirse a él como planeta, su verdadera naturaleza aún genera debate en la comunidad científica. Los expertos lo catalogan como un objeto de masa planetaria, que podría corresponder a un planeta gigante o bien a una enana marrón, un cuerpo astronómico que no alcanzó la masa crítica para iniciar reacciones nucleares de hidrógeno en su núcleo y se considera, por ello, una “estrella fallida”.
Para llegar a sus conclusiones, los investigadores compararon diferentes modelos teóricos con los datos reales recogidos por el telescopio. Al principio, ninguno de los modelos estándar explicaba por completo las características observadas en el espectro. Fue solo al introducir la posibilidad de nubes en la simulación cuando los científicos obtuvieron un ajuste satisfactorio. Entre los escenarios evaluados, el que mejor se adaptó a las mediciones implicaba la presencia de nubes formadas por sales, probablemente cloruro de potasio o sulfuro de cinc.
Según los autores del estudio, este hallazgo contribuye a comprender por qué ciertas moléculas de la atmósfera aparecen parcialmente ocultas en las observaciones iniciales del James Webb. Además de las nubes salinas, el análisis revela señales de compuestos como agua, metano, monóxido de carbono, amoníaco y sulfuro de hidrógeno.
Los datos actualizados indican que GJ 504b podría ser más antiguo y más masivo de lo estimado previamente. Se calcula que su masa ronda las 25 veces la de Júpiter, aunque su diámetro sería apenas un 10 % menor que el del mayor planeta del Sistema Solar. A pesar de su gran tamaño, su temperatura es relativamente baja para un cuerpo de estas características, con valores estimados en torno a los 290 grados Celsius, lo cual resulta sorprendente en un gigante gaseoso joven.
Comprender la composición atmosférica de objetos como GJ 504b resulta clave para reconstruir su origen y evolución. La presencia de elementos como carbono, oxígeno y posiblemente azufre en proporciones comparables o superiores a las de su estrella madre refuerza la hipótesis de que este objeto se formó en un disco protoplanetario de gas y polvo, más que en el colapso directo que da lugar a una estrella.
Estos hallazgos destacan la capacidad del telescopio James Webb para aportar detalles sin precedentes sobre atmósferas exoplanetarias y amplían nuestro conocimiento de la diversidad de cuerpos celestes que existen más allá del Sistema Solar. A medida que se acumulen más observaciones, los científicos podrán refinar los modelos atmosféricos y profundizar en la historia de GJ 504b y objetos similares en nuestra galaxia.


