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Hermanos se casan, tienen hijos y luchan por el reconocimiento de la relación

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Separados aún siendo niños y sin contacto durante gran parte de su vida, los españoles Ana Parra y Daniel Parra se reencontraron ya adultos, desarrollaron una amistad que se transformó en amor y hoy viven juntos desde hace once años. Padres de dos hijos, ahora afrontan una batalla judicial para conseguir autorización para casarse en España.

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Ana creció sin convivir con su padre biológico. Según contó al diario español El Español, fue su madre quien le reveló que tenía un hermano por parte de padre. Al cumplir 20 años, decidió buscarlo.

El reencuentro con Daniel se produjo años después de la separación de la familia. La aproximación fue gradual y, con el paso del tiempo, la amistad entre ambos terminó convirtiéndose en una relación amorosa. Actualmente, la pareja vive junta y ha formado una familia, pero se enfrenta a obstáculos legales para oficializar la unión.

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La historia cobró repercusión internacional en 2017, cuando Ana y Daniel participaron en un programa de televisión y decidieron contarles a sus familiares que estaban juntos. “Queremos decirles que, además de hermanos, somos una pareja. Estamos enamorados”, anunciaron frente a las cámaras.

La revelación provocó sorpresa entre algunos parientes, mientras que otros mostraron apoyo a la pareja.

Aunque la relación no se considera un delito en España, la legislación del país prohíbe el matrimonio entre parientes directos. Por este motivo, Ana y Daniel iniciaron una campaña para intentar obtener la autorización judicial para formalizar la unión.

Contexto legal en España
En España, el artículo 44 del Código Civil establece que no pueden contraer matrimonio los ascendientes y descendientes por línea recta, ni los hermanos, ya sean por consanguinidad o afinidad. La norma tiene por objeto evitar posibles repercusiones genéticas adversas en la descendencia y prevenir conflictos de intereses familiares. A nivel penal, el Código Penal español tipifica el incesto como delito cuando existe abuso y se produce una relación sexual sin consentimiento mutuo o con una relación de poder, pero no sanciona con pena de prisión a las parejas que mantengan una relación consensuada entre hermanos. Sin embargo, el impedimento matrimonial se mantiene en el ámbito civil, lo que impide que la unión sea reconocida legalmente por el Registro Civil.

Las vías legales que Ana y Daniel han explorado incluyen la presentación de un recurso contencioso-administrativo ante la Audiencia Nacional, solicitando una interpretación progresista de la norma o, en su defecto, la modificación del artículo afectado. Hasta la fecha, España no ha sentado jurisprudencia favorable a matrimonios de esta naturaleza, por lo que el caso se presenta como un reto inédito tanto para el sistema judicial como para la sociedad española. Paralelamente, se han recogido firmas y enviado peticiones al Congreso de los Diputados para instar la reforma legislativa, si bien el debate social muestra posiciones encontradas sobre los límites éticos y el interés superior del menor.

En comparación con otros países europeos, España destaca por su legislación liberal en materia de derechos LGTBIQ+, habiendo aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo en 2005. No obstante, la prohibición del matrimonio entre parientes directos se considera una excepción de orden público que persiste en la mayoría de los sistemas jurídicos continentales. Expertos en derecho de familia señalan que, para modificar este precepto, sería necesario un amplio consenso político y social, además de un debate profundo sobre las implicaciones médicas, psicológicas y culturales de permitir matrimonios consanguíneos. Asimismo, se hace referencia a la Convención de La Haya sobre aspectos del derecho aplicable al matrimonio y los efectos de esta prohibición en la movilidad internacional de la pareja.

Hasta que exista una resolución definitiva, Ana y Daniel continúan su vida familiar y aseguran que su prioridad es el bienestar de sus hijos, que según los especialistas podría estar garantizado en un entorno estable y afectivo. Por el momento, la pareja confía en que la batalla judicial abra un debate que vaya más allá de su caso concreto y promueva una reflexión sobre el alcance de la autonomía personal y los límites de la norma en un Estado de derecho.

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