Lanza tu negocio online con inteligencia artificial y empieza a ganar dinero hoy con iCHAIT.COM

Psicopatía femenina en la oficina: encanto y control tras la placa

Date:


Un psicópata puede no estar donde el sentido común lo sitúa. No siempre aparece como un criminal violento, una figura de tribunal o un ejecutivo frío que calcula beneficios como si barajase cartas marcadas. Con frecuencia, la psicopatía se manifiesta lejos de la violencia explícita, en entornos cotidianos, con credenciales, reuniones, informes, sonrisas educadas y una inquietante capacidad de convertir las relaciones laborales en pequeños laberintos de control.

El detalle más intrigante es que una parte significativa de este comportamiento puede pasar desapercibida cuando proviene de mujeres. Durante décadas, gran parte de lo que se sabe sobre psicopatía se ha construido a partir de estudios centrados en hombres, especialmente reclusos. Esto contribuyó a forjar un perfil muy específico: agresividad manifiesta, impulsividad, crímenes, intimidación física. Sin embargo, algunos investigadores defienden que la psicopatía femenina puede seguir un guion distinto, más silencioso y socialmente camuflado.

La psicopatía no es sinónimo de violencia. Se trata de un conjunto de rasgos, no de una conducta aislada. Entre ellos figuran baja empatía, ausencia de remordimientos, emociones superficiales, manipulación, mentiras constantes, frialdad ante el sufrimiento ajeno y tendencia a usar a otras personas como medios para alcanzar fines.

Esto no significa que toda persona con rasgos psicopáticos cometa delitos. De hecho, muchos psicópatas no incurren en crímenes violentos. Algunos respetan las normas mínimas de convivencia, especialmente si poseen suficiente autocontrol para disimular sus verdaderas intenciones. Aquí entra en juego la distinción habitual entre psicopatía primaria y secundaria.

La psicopatía secundaria suele asociarse con impulsividad, búsqueda de adrenalina, menor autocontrol y mayor propensión a actos delictivos o violentos. En cambio, la psicopatía primaria puede resultare más fría, calculadora y difícil de detectar. Como explicó la investigadora Fiona Girkin, “el psicópata secundario no tiene demasiado autocontrol, mientras que el psicópata primario sí lo posee”. Según ella, por esa razón este último tipo logra camuflarse mejor en la sociedad cotidiana.

Este matiz cambia por completo la discusión. Si alguien es capaz de mentir con habilidad, mostrarse servicial, tejer alianzas estratégicas y arremeter solo cuando hay ventaja, su fachada puede resultar casi impecable.

El problema de los estudios centrados en hombres
Una de las herramientas más conocidas para evaluar la psicopatía es la Psychopathy Checklist-Revised, o PCL-R, creada por el psicólogo canadiense Robert Hare. El instrumento enumera 20 características psicopáticas, como sentimiento grandioso de valía personal, necesidad de estimulación, emociones superficiales y conducta manipuladora.

El inconveniente radica en que esta herramienta se desarrolló principalmente a partir de investigaciones realizadas con hombres presos en Estados Unidos y Canadá. Eso no la invalida, pero plantea una pregunta relevante: ¿aparecen los mismos indicadores de igual modo en mujeres?

La psicóloga Hedwig Eisenbarth, profesora asociada en la Victoria University of Wellington (Nueva Zelanda), sostiene que el comportamiento antisocial femenino puede diferir del masculino. Según ella, podría haber más maniobras de manipulación y conductas antisociales de un tipo que no siempre se evalúan igual que en hombres.

Abigail Marsh, profesora de psicología y neurociencia en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos), también señala que muchas personas con rasgos psicopáticos aprenden a disimular eficazmente sus sentimientos y pensamientos reales. El objetivo sigue siendo obtener lo que desean, pero varían las estrategias.

Un hombre físicamente más corpulento puede recurrir con más facilidad a la amenaza o a la violencia. Una mujer, según el contexto, puede emplear herramientas sociales con mayor eficacia: encanto, victimismo, chismes, acercamiento calculado, aislamiento de la víctima e influencia sobre personas con poder.

Marsh resume esta sorpresa de forma directa: “Creo que lo que la gente no siempre anticipa de la psicopatía es que la mejor manera de lograr que otros hagan lo que quieres es siendo muy amable con ellos”. Según la investigadora, cuando alguien con psicopatía desea caer bien, es muy probable que lo consiga.

Cuando el entorno de cuidado se convierte en refugio de abuso
Un pequeño estudio realizado en Tasmania puso el foco precisamente en un sector en el que la psicopatía parece, a primera vista, poco probable: el bienestar social. La investigación fue llevada a cabo por Fiona Girkin, asesora en comportamiento psicopático femenino, junto a Sharyn Curran, profesora sénior de la Curtin University (Australia).

Girkin trabajó más de 20 años en el ámbito de la asistencia social en Tasmania. Durante ese tiempo, afirma haber hallado colegas con rasgos psicopáticos y escuchado testimonios semejantes en su entorno laboral. Con ese trasfondo, diseñó un estudio con 13 profesionales del sector.

De los 13 entrevistados, 11 aseguraron haber identificado al menos a una persona con ocho o más rasgos asociados a la psicopatía, como mentiras recurrentes, falta de remordimientos y negarse a asumir responsabilidades. Según sus relatos, señalaron a 36 mujeres y 11 hombres que actuaban de modo compatible con criterios psicopáticos.

Los impactos narrados resultaron graves. Algunos encuestados comentaron haber abandonado empleos, llorado horas en el coche tras interacciones con esas personas o incluso salido por completo del sector. Girkin relató: “Varias mujeres me confesaron que intentaron suicidarse a causa de la experiencia”.

La fuerza de estos testimonios no convierte automáticamente a los señalados en psicópatas diagnosticados. La propia Girkin puntualiza: “No se trata de afirmar que alguien es un psicópata; se trata de decir que utiliza comportamientos potencialmente psicopáticos y del impacto que estos generan”.

Aun así, el estudio alerta de cómo ciertas conductas pueden ocultarse tras dos poderosas suposiciones culturales: la creencia de que las mujeres son naturalmente más cuidadoras y la idea de que las profesiones de ayuda solo se guían por la empatía.

Gaslighting, chismes y aislamiento
Los relatos recopilados por Girkin describen un patrón inquietante. Muchas víctimas comentan que al principio tenían al lado a una colega aparentemente servicial. Después, la relación cambiaba de forma abrupta. Lo que parecía apoyo se transformaba en control, críticas, sabotaje o humillación.

Algunos entrevistados mencionan que los responsables negaban permisos, situaban a empleados en escenarios destinados al fracaso o imponían obstáculos difíciles de probar. En otros casos, compañeros recurrían al gaslighting, intentando convencer a la víctima de que el problema era culpa suya. También surgían chismes, rumores y maniobras para aislar a la persona del resto del equipo.

Un aspecto recurrente es la construcción de alianzas. Las personas identificadas como problemáticas solían mantener vínculos estratégicos con figuras de autoridad. Esto les protegía de posibles consecuencias y dificultaba las denuncias. Entretanto, sus ataques se dirigían a quienes tenían menos poder de reacción.

Estos comportamientos resultan especialmente difíciles de detectar porque varían según el público. La misma persona puede mostrarse encantadora con los superiores, amable con los clientes y cruel con determinados compañeros. Para un observador externo, la víctima puede parecer exagerada o conflictiva. Para quien sufre la persecución, cada jornada laboral se convierte en un tablero donde cada movimiento parece previsible por el agresor.

Eisenbarth señala que la manipulación y la agresividad femeninas siguen siendo comportamientos inesperados para mucha gente. Por ello, las denuncias pueden encontrarse con incredulidad. La imagen social de la mujer cuidadora actúa como una cortina elegante que oculta actitudes destructivas.

El poder en las profesiones de cuidado
La presencia de rasgos psicopáticos en campos como la terapia, la enfermería, la asistencia social o el cuidado de personas vulnerables parece contradictoria, pero cuenta con una explicación: el poder. Estas profesiones confieren influencia sobre la mente, los recursos, la salud o la cotidianeidad de otra persona.

Girkin afirma que ese control puede atraer a una pequeña proporción de individuos con rasgos psicopáticos. Insiste en distinguirlos de la mayoría de los profesionales, “que son extraordinarios en su labor de ayuda”. Los psicópatas constituyen, a su juicio, solo una minoría.

No obstante, para quienes buscan controlar, manipular o explotar, los entornos de cuidado ofrecen acceso a personas vulnerables, jerarquías emocionales complejas y relaciones difíciles de supervisar. Eisenbarth añade que en algunos casos el interés financiero también puede actuar como motivación. Cita situaciones en que cuidar a alguien con patrimonio resulta tentador para quien carece de escrúpulos morales.

El reducido tamaño del estudio aconseja prudencia. Solo contó con 13 entrevistados, todos vinculados al sector social en Tasmania, una isla de unos 500 000 habitantes. El aislamiento geográfico y las dinámicas locales pudieron condicionar los resultados. Además, la investigación se basó en recuerdos y percepciones de los participantes, no en diagnósticos clínicos de los acusados.

Aun así, la discusión que plantea el estudio resulta relevante. No demuestra que el sector de la asistencia social esté lleno de psicópatas, pero apunta a una posibilidad incómoda: ciertos entornos permiten que conductas manipuladoras prosperen amparadas en estereotipos positivos.

Cómo detectar patrones en el trabajo
Diagnosticar a alguien como psicópata no es tarea de los compañeros de oficina. Muchos comportamientos antisociales tienen otras explicaciones, y no existe un rasgo único que revele la psicopatía. No obstante, la intimidación, el sabotaje, la humillación, la manipulación y la agresividad deben tomarse en serio con independencia del rótulo.

Marsh afirma que las personas con psicopatía tienden a usar a los demás como herramientas, con escaso respeto por las consecuencias. Por ello, un patrón sostenido de frialdad, indiferencia y utilización estratégica de otros puede alertar sobre algo más que un simple conflicto laboral.

También conviene observar discrepancias. Si alguien trata con encanto a los superiores y con crueldad a los subordinados, si cambia drásticamente de actitud según la audiencia, si nunca asume responsabilidades y convierte siempre a las víctimas en culpables, la raíz del problema puede residir en una dinámica de abuso, no en un malentendido.

Girkin recomienda a las víctimas no aislarse. Explica que una táctica habitual en comportamientos psicopáticos es separar a la persona de su entorno y granjearse un consenso en su contra. Hablar con compañeros de confianza, recurrir a Recursos Humanos, registrar fechas, episodios, mensajes y testigos puede resultar clave para presentar una denuncia formal.

Las empresas y organizaciones también tienen responsabilidad directa. Políticas claras contra el acoso, investigación rigurosa de las quejas y disposición para sancionar a gestores problemáticos son medidas esenciales. Cuando una empresa ignora conductas abusivas porque el agresor es productivo, carismático o bien conectado, el centro de trabajo se convierte en una maquinaria silenciosa que destruye a las personas.

En algunos casos, la salida más práctica puede ser abandonar el entorno. Girkin lo expone con realismo: “A veces es mejor marcharse que permanecer en una situación que te daña cada día”. No como una derrota, sino como una forma de preservarse ante un escenario en que la estructura no ofrece la protección suficiente.

Compartir este post:

Suscribirse

Popular

Más como esto
Relacionado

Documento sobre refinerías brasileñas que abastecen facciones llegan a EE.UU.

Documentos analizados por la agencia Reuters revelan que refinerías...

“Hermanos diabólicos” matan a toda la familia en plan macabro y motivo choca

Uno de los casos criminales más impactantes de la...

Solicitud de última comida denegada a mujer que mató a amiga embarazada y secuestró al bebé

Taylor Parker se convirtió en protagonista de uno de...

Coneja hace algo inusual durante la madrugada y salva a la familia de un incendio

Una coneja de compañía ayudó a salvar a una...