Imagen de satélite de una de las 260 sepulturas en recintos circulares encontradas en el desierto de Atbai, este de Sudán. (Foto: Instagram)
Arqueólogos han realizado un descubrimiento fascinante bajo las arenas del este de Sudán: 260 tumbas colectivas hasta entonces desconocidas, distribuidas a lo largo de casi 1.000 kilómetros en el desierto de Atbai, al este del río Nilo. Lo llamativo no es solo la cantidad, sino también la forma en que todas siguen un patrón semejante, repetido a lo largo de una vasta zona desértica.
Estos sitios son conocidos como enterramientos en recintos. Cada uno posee una gran estructura circular, rodeada por muros de piedra o de tierra, en algunos casos con hasta 80 metros de diámetro. El término “recinto” se emplea para indicar un espacio delimitado por estos muros, donde se realizaban ceremonias funerarias o rituales asociados al tránsito de los difuntos.
Dentro de estos círculos, los arqueólogos han encontrado tanto restos óseos humanos como de animales, cuidadosamente dispuestos. En el centro de cada recinto aparece siempre una figura principal, aparentemente alguien de gran relevancia dentro de esas comunidades. Alrededor se ubicaban otros cuerpos y restos de ganado, como parte de una ceremonia organizada en torno a un personaje central. Los estudios de datación por radiocarbono sitúan estas tumbas entre el 4000 a.C. y el 3000 a.C., es decir, hace unos 6.000 años, mucho antes del apogeo del Antiguo Egipto.
La investigación ha sido desarrollada por un equipo internacional conformado por la Universidad Macquarie (Australia), la unidad francesa HiSoMA (Historia y fuentes de Mundos Antiguos) y la Academia Polaca de Ciencias. En lugar de emplear técnicas de excavación tradicionales desde el primer momento, los especialistas recurrieron al sensoriamiento remoto mediante imágenes de satélite. Este enfoque permitió identificar de forma no invasiva los patrones circulares en la superficie, utilizando herramientas de análisis geoespacial y sistemas de información geográfica (SIG).
Una élite enterrada en el centro
El aspecto más sorprendente de estos enterramientos es justamente la repetición de un mismo esquema: una persona considerada de alto estatus social en el centro del recinto, rodeada de otros individuos y de animales, principalmente bovinos, ovinos y caprinos. Esta disposición sugiere la existencia de una jerarquía social bien establecida entre los grupos nómadas que ocupaban el Saara hace miles de años. Para estos pastores, el ganado no solo era una fuente de alimento, sino también un símbolo de prestigio y riqueza.
Se estima que, durante el llamado Período Húmedo Africano, entre aproximadamente 14.000 y 5.500 años atrás, partes del Sáhara eran más verdes y contaban con condiciones ambientales favorables para la cría de animales. Con el posterior retroceso de la humedad y el avance del desierto, la preservación de grandes rebaños se volvió cada vez más compleja. Este cambio climático habría impulsado a esas comunidades a innovar en sus prácticas sociales y funerarias.
Permanencia y riesgos
Los recintos y sus muros han resistido milenios de erosión eólica y de arena, ofreciendo hoy un valioso testimonio de una cultura pastoral que precede a las grandes civilizaciones fluviales del Nilo. Sin embargo, muchos de estos yacimientos corren ahora el peligro de desaparecer debido a la minería sin control en la región de Atbai. La extracción de minerales y la construcción de infraestructuras pueden destruir estructuras que han permanecido intactas durante 6.000 años, borrando pistas cruciales sobre el modo de vida y las creencias de esos pueblos prehistóricos.
El empleo de tecnologías de teledetección, combinado con estudios de campo selectivos, pretende equilibrar la necesidad de investigación con la preservación del patrimonio. A través de campañas futuras, los arqueólogos esperan documentar con mayor detalle los materiales asociados —como cerámicas, herramientas de piedra y posibles pigmentos— para comprender mejor el contexto cultural y ritual de estos recintos funerarios circulares.


