Una misma superviviente, dos atentados al World Trade Center y, décadas después, una lucha médica que parece no tener fin. Jenn Ashcraft, de 60 años, sobrevivió tanto al ataque de 1993 como al atentado del 11 de septiembre de 2001. Con el paso del tiempo, ella considera que la exposición a aquellos sucesos traumáticos en Nueva York podría estar relacionada con una serie de problemas de salud que hoy condicionan su vida.
Tras los atentados, Ashcraft abandonó la ciudad de Nueva York y se trasladó a Prescott, en el estado de Arizona. Allí comenzó a trabajar como voluntaria en la Cruz Roja Americana. Según sus propias palabras, ese empleo le sirvió para “curar y rendir homenaje a todos esos bomberos que perdieron sus vidas” en los dos ataques contra los rascacielos del Bajo Manhattan.
No obstante, mientras trataba de reconstruir su existencia, su organismo empezó a dar señales de alarma. Durante años, la superviviente luchó contra diversas dolencias, pero en fecha reciente su cuadro empeoró de forma significativa. Fue hospitalizada tras presentar síntomas como sangrados en las cutículas y una agresiva reacción en la piel. “Mis cutículas comenzaron a sangrar. Mi piel desarrolló una especie de ataque, lo que ahora básicamente significa que mis propios anticuerpos están atacando a mi cuerpo”, relató a 12News.
Los médicos le diagnosticaron varias enfermedades autoinmunes, condiciones en las que el sistema inmunitario se confunde y ataca tejidos sanos. En el caso de Ashcraft, describe la sensación como si su cuerpo “se estuviera quemando desde dentro”. Al enumerar las zonas afectadas, mencionó: “Mi pecho, mi espalda, mis brazos, mi rostro… Todo es muy doloroso”. Para intentar estabilizar su estado, los profesionales sanitarios han iniciado terapias de reposición de anticuerpos.
Además, los especialistas detectaron la presencia de tumores en sus pulmones, por lo que se han solicitado nuevas pruebas para descartar un proceso maligno. De momento, no hay evidencia de que esos tumores guarden relación con los ataques al World Trade Center, pero el simple hallazgo añade un nivel más de preocupación a su delicada situación.
El Programa de Salud del World Trade Center, establecido por el Gobierno de Estados Unidos para atender a las personas afectadas por los atentados de 1993 y 2001, no reconoce las enfermedades autoinmunes como dolencias vinculadas a aquellos hechos. Por ello, Ashcraft debe costear de forma parcial sus tratamientos médicos. Su entorno lanzó una campaña de recaudación de fondos para ayudarla a sufragar gastos de exámenes especializados, inmunoterapia, infusiones y seguimiento continuo en el Banner – University Medical Center Phoenix, centro de referencia en Arizona.
Según los promotores de la colecta, hasta la fecha se han reunido más de 4.600 € (equivalentes a 5.000 USD), frente a una meta de aproximadamente 14.720 € (equivalentes a 16.000 USD). La campaña denuncia que algunos procedimientos ya fueron denegados por el seguro de salud, lo que deja a Jenn con facturas médicas de elevado coste.
Atentados de 1993 y 2001
El ataque de 1993 consistió en la detención de una furgoneta bomba que explotó en el garaje subterráneo del World Trade Center, causando seis víctimas mortales y miles de heridos. Ocho años después, el 11 de septiembre de 2001, dos aviones secuestrados por terroristas impactaron contra las Torres Gemelas, provocando su colapso y la muerte de casi 3.000 personas, además de graves lesiones en miles de supervivientes y rescatistas.
En respuesta a esas tragedias, el Congreso de Estados Unidos creó el Programa de Salud del World Trade Center, con el objetivo de ofrecer atención médica y compensaciones a los afectados. Sin embargo, la inclusión de nuevas dolencias, especialmente las autoinmunes, ha sido objeto de debate y no siempre son reconocidas como consecuencia directa de la exposición a los escombros y al humo tóxico.
Enfermedades autoinmunes
Las enfermedades autoinmunes se caracterizan por una respuesta inapropiada del sistema inmunitario, que identifica erróneamente células propias como cuerpos extraños y las ataca. Entre las más comunes se encuentran la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico y la psoriasis. Los tratamientos suelen incluir inmunosupresores, terapias biológicas e infusiones de anticuerpos para modular la actividad inmunitaria y aliviar el dolor.
Jenn Ashcraft continúa su lucha diaria, apoyada por familiares, voluntarios y médicos. Su caso pone de relieve no solo las secuelas físicas del terrorismo, sino también las dificultades burocráticas y financieras que enfrentan quienes sobrevivieron a aquellos ataques y hoy padecen enfermedades crónicas.


