
Robert Irwin, hijo del renombrado Steve Irwin, relató en un programa televisivo una experiencia propia de un documental de supervivencia. Durante una investigación con cocodrilos, quedó atrapado bajo un ejemplar de aproximadamente 4,3 metros tras saltar sobre su lomo con la intención de aplicar una técnica de contención controlada.
Según explicó Robert, dicha maniobra forma parte del protocolo que emplean los especialistas para someter al reptil de forma más segura. La técnica consiste en saltar sobre el dorso del cocodrilo y mantener las mandíbulas cerradas con el peso del cuerpo. Esta táctica es factible porque, a pesar de que los músculos que cierran la boca de un cocodrilo ejercen una fuerza asombrosa, los encargados de volver a abrirla son considerablemente más débiles.
Sin embargo, en aquella ocasión la situación se escapó de sus previsiones. El cocodrilo, apodado Jimmy Fallon por el equipo de trabajo, reaccionó con uno de los movimientos más temidos del reino animal: el llamado “giro mortal”. Robert describió el instante con detalle: “Salté encima de él. No estoy bromeando, 4,3 metros de cocodrilo, un cocodrilo enorme; me dio un giro mortal. Entonces quedé atrapado debajo de él con mi brazo fuera”.
En ese momento, según calculó el propio Irwin, había unos 317 kilogramos de masa reptiliana presionando contra su cuerpo. Incapaz de moverse y sin saber cómo reaccionar, logró mantener la calma hasta que el cocodrilo completó el giro en sentido inverso, permitiéndole liberarse sin sufrir heridas graves. “Es de los que van al ataque”, añadió Robert, destacando la ferocidad del animal.
Cómo funciona el giro mortal
Un vídeo publicado en YouTube por el canal Zack D. Films ilustra de forma aterradora esta maniobra, conocida en inglés como “death roll”. El depredador agarra a la presa con sus mandíbulas poderosas y comienza a girar rápidamente sobre su propio eje. El propósito principal es desgarrar un trozo de carne aprovechando la rotación y la fuerza de torsión, una técnica especialmente efectiva en ambiente acuático, donde la resistencia del agua multiplica la presión sobre el cuerpo de la víctima.
Este movimiento no depende únicamente de la potencia de la mordida. El reptil utiliza el peso de su masa corporal, la inercia y el medio líquido para convertir a la presa en una palanca de resistencia. Cuando la víctima no logra sincronizar sus movimientos con la rotación del cocodrilo, la fuerza de torsión puede provocar lesiones internas graves, fracturas y desgarros imposibles de lograr con una simple mordida.
Por qué utilizan esta técnica
La principal explicación radica en la anatomía de los cocodrilos y jacarés. Sus dientes están diseñados para sujetar y perforar, pero no para masticar o cortar trozos pequeños de carne como harían mamíferos carnívoros. Carecen de garras fuertes que les permitan desgarrar la presa; por ello, dependen casi exclusivamente de la fuerza de la mandíbula y de movimientos mecánicos de torsión.
Entre los géneros más estudiados se encuentran Crocodylus porosus (cocodrilo de agua salada) y Crocodylus niloticus (cocodrilo del Nilo), ambos capaces de realizar la maniobra de “death roll”. Cuando capturan presas de gran tamaño —por ejemplo mamíferos o aves acuáticas—, necesitan fragmentar el animal en partes manejables. El giro mortal permite separar pedazos de carne que luego pueden ser fácilmente ingeridos.
Contexto y legado
El legendario programa “Cazadores de cocodrilos”, presentado por Steve Irwin, popularizó estas técnicas de campo y despertó el interés mundial por el estudio y la conservación de estos reptiles. Robert Irwin continúa con esa labor de divulgación y preservación de la fauna, sensibilizando al público sobre la importancia de entender el comportamiento natural de especies tan antiguas como letales. Gracias a estos testimonios y demostraciones controladas, investigadores y conservacionistas pueden mejorar los protocolos de manejo de cocodrilos en proyectos de investigación y en parques de conservación.


