Un cirujano cardíaco con más de 3.000 intervenciones en su historial ha lanzado una advertencia directa sobre alimentos que forman parte de la dieta cotidiana de muchas personas. Según el doctor Philip Ovadia, el peligro no reside únicamente en dulces, refrescos o comidas visiblemente azucaradas, sino también en productos consumidos a diario y a menudo comercializados como opciones “normales” o incluso saludables.
De acuerdo con Ovadia, estos productos ultraprocesados pueden promover resistencia a la insulina, inflamación crónica y alteraciones metabólicas que elevan el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. El especialista explica que, durante las cirugías, llega a observar los efectos de este tipo de dieta en las arterias de pacientes que han sufrido infartos de miocardio.
El concepto de resistencia a la insulina hace referencia a la disminución de la capacidad de las células para responder a esta hormona, que regula la concentración de glucosa en sangre. Cuando el organismo necesita generar más insulina para compensar, se producen picos repetidos de glucemia que, a largo plazo, pueden dañar vasos sanguíneos y tejidos. Por su parte, la inflamación crónica es un proceso persistente de activación del sistema inmunitario, ligado a la aparición y progresión de la aterosclerosis.
En su lista de alimentos problemáticos, Ovadia incluye productos de consumo masivo como pan blanco, bagels, cereales de desayuno, galletas, pasta, aperitivos salados, barritas de granola, yogures con sabor añadido, zumos de fruta, avena instantánea y numerosas versiones “integrales” de productos industriales. “Incluso aquellos presentados como saludables —granola baja en grasa, pan integral, barritas de arroz— están cargados de carbohidratos refinados”, subraya el especialista.
El doctor describe dos clases de placas que se forman en las arterias. Una de ellas es blanda, inestable y muy inflamatoria; este tipo de placa puede romperse de forma repentina y obstruir el flujo sanguíneo, provocando un infarto agudo. La otra es más dura y calcificada, y produce un estrechamiento gradual de la luz arterial, reduciendo el suministro de oxígeno al músculo cardiaco.
Para reducir estos riesgos, Ovadia recomienda disminuir el consumo de carbohidratos ultraprocesados y sustituirlos por alimentos con menor grado de procesamiento, como verduras frescas, proteínas de origen animal (pescado, carne magra, huevos) y grasas en su forma natural (aceite de oliva virgen extra, frutos secos sin sal).
Otro cirujano cardiaco, Jeremy London, también ha manifestado su preocupación por los ultraprocesados, especialmente aquellos que contienen aditivos artificiales y carecen de valor nutricional esencial. London resumió su posición con un consejo práctico: “Evita los productos que tu abuela no tendría en su cocina”. Esta frase pone de relieve que muchos envases modernos introducen ingredientes que no forman parte de recetas tradicionales.
Incluso el médico Chris van Tulleken, del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS), ha criticado duramente los alimentos ultraprocesados, afirmando que han superado al tabaco como uno de los principales factores de mortalidad prematura en el mundo. Este llamamiento a la prudencia coincide con las recomendaciones de organismos internacionales de salud, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que señalan la necesidad de limitar el consumo de azúcares libres y productos muy refinados.
En definitiva, la alerta del doctor Ovadia pone de manifiesto la creciente evidencia científica sobre el impacto negativo de los carbohidratos ultraprocesados en la salud cardiovascular. Adoptar una dieta basada en alimentos mínimamente procesados puede contribuir a prevenir la resistencia a la insulina, la inflamación y la formación de placas ateroscleróticas, con el fin de proteger el corazón a corto y largo plazo.


