Eva de Paula Riguetti, una niña de ocho meses originaria de Jerônimo Monteiro, en el sur del estado de Espírito Santo (Brasil), ha sorprendido a la comunidad médica y religiosa al superar un pronóstico considerado prácticamente imposible. Nacida con tan solo 27 semanas de gestación y un peso de 624 gramos, Eva tenía una probabilidad estimada del 1% de sobrevivir. Tras 81 días de cuidados intensivos en una unidad de cuidados neonatales (UTI neonatal), recibió el alta y, días después, fue bautizada en el Santuário Nacional de Nossa Senhora Aparecida, en el estado de São Paulo, cumpliendo así con la promesa que sus padres habían hecho durante las primeras y delicadas etapas de su tratamiento.
Nacimiento prematuro y pronóstico inicial
El parto, ocurrido de forma prematura, situó a Eva en la categoría de recién nacido de extremadamente bajo peso (< 1 000 g) y en una etapa de gestación donde los órganos, especialmente el pulmonar y el neurológico, todavía requieren un periodo prolongado de maduración. A las 27 semanas –la gestación completa suele alcanzarse en torno a las 40 semanas–, los especialistas estiman que el índice de supervivencia se reduce drásticamente, y más aún si el peso al nacer está por debajo de los 650 g. En los 81 días que permaneció ingresada en la UTI neonatal, Eva recibió asistencia respiratoria mecánica, nutrición enteral progresiva y un estricto control de parámetros vitales.
Tratamiento en la UTI neonatal
El protocolo médico aplicó técnicas de mínima manipulación para reducir el riesgo de infecciones, monitorización constante de la función cardiopulmonar y la administración de surfactante pulmonar para mejorar la oxigenación. También se implementaron cuidados piel con piel (conocidos como “método canguro”), destinados a fomentar el vínculo entre madre e hija y promover la estabilidad térmica de la bebé. A lo largo de ese periodo crítico, el personal sanitario ajustó las dosis de fármacos, realizó extractos mínimos de sangre y administró fototerapia para prevenir la hiperbilirrubinemia, un problema común en neonatos prematuros.
Seguimiento y rehabilitación
Tras el alta hospitalaria, Eva continuó un programa de rehabilitación que incluye sesiones de fisioterapia respiratoria y motora, esenciales para fortalecer la musculatura y mejorar la capacidad ventilatoria. El control de peso, clave para evaluar su evolución, mostró un incremento constante, alcanzando progresivamente valores acordes para su franja de edad corregida. Estas sesiones, además, contribuyen a prevenir complicaciones como la broncodisplasia pulmonar y a favorecer hitos del desarrollo psicomotor.
El bautismo y la promesa familiar
La familia de Eva, encabezada por su madre, Bruna Bello de Paula Riguetti, decidió llevar a cabo el bautismo en el Santuário Nacional de Nossa Senhora Aparecida, el santuario mariano más grande de Brasil y sede de un importante destino de peregrinación. Durante la ceremonia, celebrada en la Basílica Nova, los padres entregaron un lazo simbólico usado por la niña en su primer mes de vida dentro de la Sala de las Promesas, un espacio donde los fieles depositan objetos como muestra de gratitud por favores concedidos.
Relato de la madre
En sus redes sociales, Bruna compartió: “Mi mayor intimidad con Dios no nació dentro de la iglesia… nació al lado de mi hija, en un lecho de UTI, de rodillas suplicando por su vida”. Estas palabras evidencian el desgaste emocional y la profundidad de una experiencia donde la fe y la atención médica se entrelazaron para lograr un desenlace positivo.
Repercusión y contexto
La historia de Eva ha resonado en diversos medios y plataformas digitales, convirtiéndose en un ejemplo de esperanza y determinación. Asimismo, pone de relieve los avances de la neonatología moderna, capaces de ofrecer oportunidades de supervivencia antes impensables para bebés prematuros extremos. La trayectoria de esta pequeña recuerda a la sociedad la importancia de la investigación médica, el compromiso del personal sanitario y el apoyo familiar en los procesos de recuperación.


