El australiano James Harrison se hizo mundialmente conocido por sus donaciones de sangre a lo largo de 64 años, que contribuyeron a salvar millones de vidas. Realizó 1.173 donaciones para la Australian Red Cross Lifeblood y poseía un anticuerpo raro esencial para la medicina.
La particularidad de su sangre radicaba en la presencia del anticuerpo Anti-D, empleado en la fabricación de un medicamento destinado a prevenir la Enfermedad Hemolítica del Feto y del Recién Nacido. Esta patología se desencadena cuando el sistema inmunitario de la madre, carente del factor Rh D, ataca a los glóbulos rojos fetales que sí portan dicho factor, provocando anemia grave, ictericia o incluso la muerte intrauterina en casos severos.
Antes de la introducción de la profilaxis con inmunoglobulina Anti-D, la Enfermedad Hemolítica afectaba aproximadamente a una de cada cien embarazadas con incompatibilidad Rh. Gracias a las aportaciones de Harrison, se pudieron producir cerca de 2,4 millones de dosis de este suero inmunológico. Se calcula que alrededor del 17 % de las gestantes australianas que precisaban ese tratamiento se beneficiaron directamente del plasma procedente de sus extracciones.
La determinación de Harrison por ayudar a otros surgió tras su propia experiencia médica. A los 14 años, y tras una cirugía que puso en riesgo su vida, necesitó múltiples transfusiones de sangre. Aquella vivencia le motivó a convertirse en donante activo desde que alcanzó la mayoría de edad. Durante sus primeras donaciones, el personal de la Cruz Roja Australiana identificó su singular composición sanguínea, en la que la concentración de anticuerpos Anti-D era extraordinariamente elevada. A partir de ese hallazgo, su plasma pasó a emplearse a gran escala en la elaboración del fármaco profiláctico.
El sistema Rh de grupos sanguíneos fue descubierto en la década de 1940 por Karl Landsteiner y Alexander Weiner. Poco después se asoció la incompatibilidad Rh materno-fetal con casos de anemia hemolítica en recién nacidos. El desarrollo de la inmunoglobulina Anti-D como tratamiento preventivo marcó un hito en la obstetricia moderna, reduciendo drásticamente la mortalidad neonatal y la necesidad de transfusiones de sangre en bebés.
Sobre el impacto de sus donaciones, Harrison declaró: “Salvar un bebé es bueno. Salvar dos millones es difícil de entender, pero si eso dicen, me siento muy satisfecho de haberlo hecho”. En reconocimiento a su labor humanitaria recibió la Medalla de la Orden de Australia, una de las distinciones civiles más altas del país. A pesar de la seriedad de su contribución, mantenía un carácter jovial: bromeó en alguna ocasión, “culpadme por el aumento de la población”.
Su familia también reconoció la importancia de su legado. Tracey Mellowship, su hija, expresó: “Gracias, papá, por darme la oportunidad de tener dos hijos sanos, tus nietos”. Esa frase recoge el valor personal y colectivo de su gesto, que trascendió fronteras y se tradujo en historias de vida salvadas.
James Harrison falleció el 17 de febrero de 2025 mientras dormía en una residencia de Nueva Gales del Sur, Australia. Su trayectoria, marcada por más de mil donaciones de sangre, sigue siendo un ejemplo de solidaridad y de cómo un solo donante puede cambiar la historia de la medicina reproductiva y salvar vidas en todo el mundo.


