La joven Freja ha llamado la atención en las redes sociales tras adoptar una estrategia inusual para sentirse más segura durante sus paseos nocturnos. En lugar de llevar un teléfono con una aplicación de rastreo o un silbato, Freja decidió acompañarse de su mascota, una gallina de corral llamada Tiptoe, sujetándola con una correa convencional durante sus salidas.
El vídeo que publicó en TikTok superó rápidamente el millón de me gusta al mostrar la rutina nocturna de Freja junto a Tiptoe. En la descripción del contenido, la creadora explicó su motivación: “Motivos por los cuales siempre me siento segura caminando sola de noche”. El curioso contraste entre la atmósfera urbana y la presencia de un ave de corral atada generó numerosas reacciones y comentarios de todo tipo.
Según Freja, la intención de emplear una gallina como acompañante es provocar sorpresa o desconcierto en posibles agresores. “La idea es que, ante algo tan inusual, la mayoría de las personas prefiera no acercarse ni involucrarse”, detalló en uno de sus mensajes. Varios usuarios elogiaron la iniciativa: uno de ellos comentó, “Si pareces lo suficientemente loca, te dejarán en paz”, a lo que Freja respondió: “Cruzo los dedos para que así sea”.
Otros internautas reflexionaron sobre la eficacia de este método comparado con llevar un perro. Un seguidor afirmó: “Las gallinas pueden ser más intimidantes que algunos perros cuando empiezan a picotear y perseguir”. Otro añadió: “Entiendo la lógica. Si viera a alguien paseando a la 1 de la madrugada con una gallina en correa, también alargaría el paso para no toparme con esa escena”.
Este caso ha abierto además un debate sobre las distintas fórmulas de autoprotección empleadas por mujeres y colectivos vulnerables. Tradicionalmente, muchas recurren a dispositivos de seguridad como alarmas personales, aplicaciones móviles de geolocalización, gas pimienta o incluso objetos disuasorios improvisados. En este contexto, la propuesta de Freja supone una variante creativa y visualmente impactante, aunque no exenta de interrogantes sobre la comodidad del animal y su bienestar.
Los datos de la organización End Violence Against Women refuerzan la preocupación por la seguridad femenina en espacios públicos tras el anochecer. Según sus últimas estadísticas, aproximadamente la mitad de las mujeres en el país han experimentado sensaciones de vulnerabilidad al transitar solas por calles cercanas a su domicilio en horario nocturno, una proporción notablemente superior a la registrada entre los hombres.
Estas cifras han impulsado iniciativas locales y campañas de concienciación ciudadana para mejorar el alumbrado público, aumentar la presencia policial en barrios residenciales y fomentar programas de acompañamiento solidario. Desde aplicaciones de “paseo seguro” hasta redes de voluntariado, las alternativas se multiplican con el fin de reducir la sensación de riesgo y prevenir casos de acoso o violencia de género.
En última instancia, la peculiar estrategia de Freja invita a reflexionar sobre la creatividad con la que algunas personas buscan garantizar su integridad física. Sea cual sea el método escogido, resulta innegable que la inseguridad nocturna sigue siendo un problema de primer orden, y que cualquier gesto destinado a reforzar la confianza personal merece atención y evaluación.


