Inés Ramírez Pérez se sometió a una cesárea a sí misma en una zona aislada de Oaxaca, en el sur de México, después de más de 12 horas de trabajo de parto sin recibir atención médica. Ante la imposibilidad de trasladarse al hospital más cercano, situado a unos 80 kilómetros de distancia, la mujer tomó la drástica decisión de intervenirse con un cuchillo de cocina para extraer a su bebé, que finalmente sobrevivió.
La paciente, embarazada y sola en su domicilio, soportaba contracciones intensas y no contaba con medios de transporte ni servicios de salud próximos. Durante la noche, tras sufrir dolor extremo, Inés ingirió una pequeña cantidad de alcohol como anestésico improvisado y, empuñando un cuchillo de cocina de aproximadamente 15 centímetros de hoja, inició el procedimiento quirúrgico.
Con gran determinación, realizó una incisión en su propio abdomen, atravesando la piel, el tejido subcutáneo, la capa de grasa y los músculos hasta llegar al útero. Extrajo al feto y, con unas tijeras domésticas, cortó el cordón umbilical. Poco después del nacimiento, perdió el conocimiento. En sus propias palabras, reproducidas en una entrevista con el diario The Sydney Morning Herald en 2004: “No aguantaba más el dolor. Si mi bebé iba a morir, decidí que yo también tenía que morir”.
Al recobrar la consciencia, Inés solicitó ayuda de su hijo mayor, quien acudió a buscar a un asistente de salud de la comunidad. El bebé se hallaba vivo junto a su madre. El profesional local suturó la herida, de aproximadamente 17 centímetros, con aguja e hilo comunes, cerrando las capas de tejido sin anestesia adicional.
Posteriormente, madre e hijo fueron trasladados a pie hasta una vía cerca de la localidad y, desde allí, conducidos en vehículo particular a una clínica rural, a más de dos horas de distancia. Inés fue ingresada en el Hospital General Dr. Manuel Velasco Suárez, donde permaneció en observación durante diez días antes de recibir el alta médica.
Aunque no hubo testigos directos del acto quirúrgico, el equipo médico corroboró el relato basándose en la evaluación clínica de las lesiones y la evolución de la paciente. El caso fue presentado en un congreso de ginecología y obstetricia en 2001 y obtuvo difusión internacional tras su publicación, en 2004, en la revista International Journal of Gynecology and Obstetrics. Los investigadores que lo describieron señalaron que “las medidas inusuales y extraordinarias para preservar a sus hijos a veces conducen a decisiones extremas, que ponen en riesgo la vida de las propias mujeres. Deben establecerse políticas sociales, educativas y sanitarias en todo el mundo para evitar estos eventos extremos”.
La cesárea es un procedimiento quirúrgico convencional en el que se practica una incisión en el abdomen y el útero para extraer a un feto. Habitualmente se realiza bajo anestesia, con un equipo multidisciplinar de obstetras, anestesistas y personal de enfermería. Sin embargo, en contextos de difícil acceso o escasez de recursos, como sucede en algunas zonas rurales de México, las complicaciones obstétricas pueden agravarse por la falta de atención oportuna.
El caso de Inés Ramírez Pérez es considerado único. Hasta la fecha, no se ha documentado ningún otro episodio de cesárea autoinducida con resultados igualmente exitosos. La historia de esta mujer ilustra los desafíos de la atención materna en regiones remotas y subraya la necesidad de mejorar la infraestructura sanitaria y los mecanismos de transporte en comunidades rurales para reducir los riesgos de mortalidad maternal e infantil.


