
Investigadores de la Universidad de Oxford han publicado un estudio reciente que cuestiona creencias habituales sobre la salud reproductiva masculina. La investigación, difundida el 25 de marzo, indica que la eyaculación frecuente podría favorecer la calidad del esperma más que la abstinencia prolongada. El trabajo analiza tanto el almacenamiento de espermatozoides en el cuerpo humano como en diversas especies de animales, evaluando factores biológicos que influyen en la viabilidad y motilidad de las células reproductivas masculinas.
En biología reproductiva se acostumbra a comparar el sistema femenino con un “reloj biológico”, dado que las mujeres nacen con casi todos los óvulos que tendrán a lo largo de su vida; así, la edad de la mujer suele corresponder a la de sus óvulos. En cambio, en los hombres la producción de espermatozoides comienza en la pubertad y continúa sin pausa, de modo que esas células se generan constantemente y se almacenan en el tracto reproductivo hasta el momento de la eyaculación.
Existe la creencia de que mantener la abstinencia sexual durante varios días aumenta las probabilidades de concepción, ya que supuestamente incrementa el volumen y el recuento de espermatozoides en la muestra. Sin embargo, aunque el volumen seminal pueda ser mayor tras algunos días sin eyacular, la calidad de las células tiende a empeorar. Los científicos han observado que el esperma retenido sufre un proceso de envejecimiento que reduce su viabilidad y afecta negativamente su capacidad de fecundar.
El envejecimiento del esperma almacenado afecta tanto la motilidad —la capacidad de los espermatozoides para desplazarse— como la integridad del ADN. En el estudio se revisaron los resultados de 115 trabajos anteriores, que suman casi 55.000 muestras de hombres de distintos perfiles y edades. Los datos mostraron que tras períodos largos de abstinencia hay un descenso drástico en la calidad del semen y un aumento de las roturas y alteraciones en el material genético de los espermatozoides.
Los autores del estudio señalan dos causas principales de este deterioro. La primera es el estrés oxidativo, un proceso similar a la corrosión biológica que acumula radicales libres en las células y puede dañarlas a nivel físico y molecular. La segunda causa es el agotamiento energético: a diferencia de otras células del cuerpo, los espermatozoides tienen reservas limitadas de energía y no pueden recargarse una vez almacenados. Cuando permanecen en los conductos espermáticos durante mucho tiempo, simplemente carecen de “combustible” para mantener sus funciones.
Las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconsejan un periodo de abstinencia de entre dos y siete días antes de recoger una muestra para análisis de semen o para tratamientos de reproducción asistida, como la fecundación in vitro (FIV). No obstante, los hallazgos de Oxford sugieren que recortar ese tiempo podría mejorar la calidad del esperma. Según los investigadores, eyacular unas 48 horas antes de la extracción podría ofrecer células con integridad superior y aumentar las tasas de éxito en procedimientos de fertilidad.
Además, la masturbación frecuente en ciertos primates se asocia a una mejora en la calidad del semen expulsado. El estudio concluye que esta práctica podría tener una función adaptativa: elimina las células envejecidas o dañadas, asegurando que las nuevas generaciones de espermatozoides, más saludables, estén disponibles para la reproducción cuando se necesiten.
La investigación también incluyó un análisis comparativo con 56 estudios sobre 30 especies animales, que abarcaban aves, insectos, reptiles y mamíferos. En todos los casos, la calidad del esperma disminuía con el tiempo de almacenamiento, debido no solo al daño del ADN, sino también a cambios en el perfil de expresión génica de las células retenidas.
En algunas hembras de especies como abejas y hormigas reina, el esperma se conserva durante meses o incluso años tras el apareamiento, gracias a órganos especializados que liberan antioxidantes para proteger las células. En los machos, sin embargo, esa protección es limitada durante el almacenamiento prolongado. Una vez eyaculados, los espermatozoides humanos sobreviven apenas unos días dentro del tracto femenino.
Los científicos subrayan que, aunque muchos problemas de fertilidad dependen de factores complejos y difíciles de controlar —como tóxicos ambientales, genética o niveles de estrés—, el tiempo de retención del esperma es un elemento manejable. Emplear semen recién eyaculado podría incrementar las probabilidades de concepción debido a la integridad y vitalidad superiores de las células, contribuyendo a mejorar los resultados en tratamientos de reproducción asistida.


