
Científicos y profetas comparten frecuentemente visiones pesimistas sobre el fin de los tiempos. Al observar la dirección actual de los acontecimientos, esas predicciones parecen cada vez más cerca de la realidad. Si no son amenazas como el asteroide 2024 YR4 o invasiones alienígenas que ponen en riesgo el futuro de la humanidad, son los efectos visibles del calentamiento global.
Mientras tanto, la población lucha constantemente para evitar que los microplásticos contaminen alimentos y productos de higiene personal. Simultáneamente, todo el mundo trata de prevenir hábitos que aumenten el riesgo de Alzheimer y otras enfermedades degenerativas.
En 2024, investigaciones indicaron que hasta 30 millones de vidas podrían perderse antes de 2100 debido al cambio climático. La ONU ya declaró que el desequilibrio climático mundial es una emergencia. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que esta amenaza podría estar más cerca de lo que se pensaba, situando el ajuste de cuentas en un futuro más inmediato.
Investigadores de la Universidad Católica Argentina señalan que cientos de miles de muertes prematuras podrían ocurrir antes de 2050. El equipo analizó datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre 2000 y 2022, centrándose en cómo el incremento de las temperaturas afecta la práctica de actividades físicas.
Los datos muestran que, por cada mes en que las temperaturas medias superan los 27,8 °C, la inactividad física aumenta un 1,4 %. En países de renta baja y media, este porcentaje asciende al 1,85 %. En las naciones cercanas al ecuador, el sedentarismo podría alcanzar hasta un 4 % antes de 2050.
Una población menos activa provoca un incremento inmediato en los casos de enfermedades cardíacas, diabetes y cáncer, lo que conduce a cientos de miles de muertes evitables. Los hallazgos publicados en la revista The Lancet Global Health estiman que entre 470.000 y 700.000 personas podrían morir en los próximos 24 años debido a la inactividad.
Actualmente, alrededor de un tercio de los adultos en el mundo no cumple la recomendación de la OMS de 150 minutos de ejercicio moderado semanal. Con el aumento de las temperaturas, alcanzar esa meta básica resultará aún más difícil. Jim N. R. Dale, fundador de British Weather Services, cree que la cifra podría ser aún mayor, dependiendo de la velocidad de los cambios climáticos y del perfil térmico de cada país.
La OMS establece que la actividad física regular contribuye a reducir el riesgo de enfermedades crónicas y mejora la salud mental. Se recomienda combinar ejercicios de moderada intensidad, como caminar rápido o montar en bicicleta, con sesiones de vigorosa intensidad, como carrera o natación. Sin embargo, el calor extremo y la humedad pueden limitar la posibilidad de realizar estos ejercicios al aire libre.
Sin acciones significativas, la Tierra se encamina a un calentamiento de entre 2,7 °C y 3,1 °C antes de 2100. Dale comparó el impacto potencial con una gota de arsénico en el café: parece poco, pero resulta letal.
La mortalidad relacionada con el calor no solo incluye las defunciones directas por golpe de calor, sino también un aumento en episodios de deshidratación, estrés térmico y complicaciones cardiovasculares. Las ciudades con alta densidad urbana y pocas áreas verdes suelen experimentar el efecto de “islas de calor”, donde las temperaturas pueden dispararse aún más.
La cuestión central es que el calor mata. Las muertes por calor serán más probables y afectarán la movilidad de las personas para ejercitarse, trabajar y sobrevivir en el día a día. El activista climático y autor Matthew Todd advierte que el calor extremo lleva al cuerpo humano a su límite máximo.
Explica que en condiciones combinadas de alta temperatura y humedad, la temperatura de bulbo húmedo puede impedir que el cuerpo se enfríe, algo que podría resultar fatal en poco tiempo. Se trata de un índice que combina la temperatura del aire y la humedad para medir la capacidad del cuerpo humano para disipar calor. Cuando este indicador supera ciertos umbrales, la transpiración no es suficiente para regular la temperatura corporal. Todd sugiere que quien quiera tener pesadillas solo necesita informarse sobre los recientes aumentos de las temperaturas de bulbo húmedo. Afirma que este no es un problema futuro, sino algo que ya está ocurriendo y se acelera.
El rigor científico de The Lancet Global Health, que somete las investigaciones a un proceso de revisión por pares, refuerza la validez de estos datos epidemiológicos. La publicación de estos hallazgos hace un llamamiento urgente a gobiernos, organizaciones internacionales y sociedad civil para implementar medidas de adaptación y mitigación ante el calor extremo.


