
Cambiar una vivienda fija por una dirección flotante puede parecer una idea lejana para muchos. Sin embargo, para la pareja americana Johan Bodin y Lanette Canen, ambos de 56 años, esta elección se ha convertido en un proyecto de vida a largo plazo. Vendieron todo lo que poseían en tierra firme y ahora viven a tiempo completo a bordo del buque residencial Ville Vie Odyssey, operado por la empresa Villa Vie Residences.
El proyecto que han asumido es ambicioso. La propuesta del barco es ofrecer a sus residentes la oportunidad de visitar 425 destinos en 147 países cada tres años y medio. La travesía completa planeada para la pareja podría durar hasta 15 años, navegando de forma continua alrededor del mundo.
Antes de esta aventura, residían en Maui, Hawái. En mayo de 2025 comentaron en una entrevista que estaban encantados con su nuevo estilo de vida. Meses más tarde, decidieron compartir en detalle cómo es vivir diariamente en un camarote en medio del océano.
Una vivienda que nunca se detiene
Para asegurarse un espacio a bordo, la pareja pagó unos 130.000 dólares por adelantado, lo que al cambio actual equivale a aproximadamente 120.000 €. Además, destinan cerca de 4.000 dólares al mes —alrededor de 3.700 € mensuales— para continuar viviendo en el barco.
Este importe cubre diversos servicios: incluye todas las comidas, cerveza y vino en almuerzo y cena, limpieza del camarote, lavandería, acceso a la academia, clases de ejercicio, entretenimiento, conexión Wi-Fi y las propinas de la tripulación.
Según Johan y Lanette, el coste mensual es casi la mitad de lo que gastaban manteniendo una vivienda tradicional. “Ya no tenemos gastos como cuotas de préstamo del coche, seguro, combustible, mantenimiento de la casa, tasas de comunidad, compras de supermercado ni vacaciones convencionales. Todo está más o menos incluido en un único estilo de vida”, explican.
El reto de la alimentación
A pesar de las ventajas, no todo resulta sencillo. La alimentación fue uno de los aspectos que más les exigió adaptación. El barco ofrece tres restaurantes, entre ellos un buffet, además de bares, salones y un centro culinario para experiencias gastronómicas.
Contar con comida disponible prácticamente en todo momento dificulta mantener la disciplina. “El control de las raciones es probablemente el mayor efecto secundario. Es muy fácil excederse cuando la comida está siempre al alcance. Pero también hay muchas opciones saludables”, admiten.
Aun así, aseguran que no han experimentado un aumento de peso significativo. Al contrario: “En realidad nos sentimos más activos que cuando estábamos en casa, porque caminamos mucho y exploramos cada puerto. En general, hemos mantenido nuestro peso y nuestro bienestar”.
Las frecuentes escalas fomentan largas caminatas y excursiones. Conocer ciudades nuevas, museos, playas y centros históricos forma parte de la rutina diaria. El constante movimiento ayuda a equilibrar los excesos gastronómicos inevitables en un entorno donde la comida es uno de los principales atractivos.
Distancia y nuevas conexiones
Aunque el paisaje cambia a diario, la distancia de la familia representa uno de los desafíos emocionales más delicados. La pareja reconoce que esta separación pesa. “La parte más difícil es estar lejos de familiares y amigos”, confiesan.
Aun así, procuran mantener los vínculos. En una de las escalas, volaron de vuelta para sorprender a su nieta en su primer cumpleaños. Este tipo de desplazamientos se incluye en la planificación, ya que el barco permite embarques y desembarques estratégicos a lo largo de la ruta.
La convivencia a bordo también genera nuevos lazos. Dado que los residentes permanecen por largos periodos, se forma una comunidad estable, a diferencia del flujo constante de pasajeros en cruceros convencionales. Con el tiempo, los vecinos de camarote terminan conociéndose, compartiendo comidas y celebrando fechas señaladas juntos.
Un poco de contexto histórico
La idea de residir permanentemente en un barco nació hace varias décadas, cuando algunos inversores comenzaron a transformar buques inactivos en viviendas flotantes. Con el auge del turismo de larga duración y la digitalización del trabajo, esta modalidad ha ganado popularidad entre jubilados y nómadas digitales que buscan combinar estabilidad con aventura.
Hoy en día, compañías como Villa Vie Residences ofrecen itinerarios diseñados para brindar comodidad hotelera junto a la libertad de viajar sin maletas. A diferencia de los cruceros turísticos, estos barcos priorizan el espacio personal, la privacidad y la continuidad de servicios habituales de una vivienda, desde la limpieza hasta el gimnasio.
Recomendaciones para quienes lo consideren
Al ser preguntados qué consejo darían a quien piense en seguir sus pasos, fueron concisos: “Simplemente hazlo”. También recomendaron probar primero la experiencia antes de comprometerse a largo plazo, pero sin postergar demasiado la decisión. “Hemos aprendido que el tiempo y las vivencias importan más que las posesiones materiales”, concluyen.


