La hija de Ian Huntley aseguró haber sentido alivio tras la muerte de su padre, ocurrida el pasado sábado en el Reino Unido, después de que se desconectara el soporte vital en un hospital. La declaración fue ofrecida al periódico The Sun on Sunday, apenas unos días después de que Huntley fuera agredido por otro recluso dentro de la prisión donde cumplía condena.
Samantha Bryan, de 27 años, explicó que no se sintió conmovida por el fallecimiento. “Me sentí aliviada. No lloré. Sonreí. Para ser sincera, me sentí extremadamente feliz”, afirmó en la entrevista. Estas palabras han reavivado el interés público sobre uno de los casos criminales más escandalosos de principios de siglo en el Reino Unido.
En ese sentido, Samantha criticó con dureza cualquier plan de funeral para su padre. “Él no debería gozar de la dignidad de un entierro ni de una tumba. Yo no acudiré. Un funeral resulta inútil para un hombre así”, declaró. En otro momento de la conversación, añadió con contundencia: “Pueden tirar sus cenizas en el inodoro”.
Ian Huntley, de 52 años, falleció tras recibir una brutal paliza con una barra de metal dentro de la prisión de alta seguridad HMP Frankland, en Durham. Tras el ataque, fue trasladado de urgencia a un hospital en estado crítico, donde permaneció en soporte vital mientras los médicos confirmaban que se encontraba en estado vegetativo. La muerte fue certificada al día siguiente del incidente.
El recluso cumplía cadena perpetua por el asesinato, en 2002, de las niñas Holly Wells y Jessica Chapman, ambas de 10 años. Aquella doble desaparición y posterior hallazgo de los cuerpos generó una conmoción nacional que llevó a una de las investigaciones policiales más extensas realizadas en el país. El crimen, conocido como el caso de Soham, puso de relieve fallos en el sistema de protección infantil y desató un debate público sobre la actuación de los servicios sociales y la policía.
HMP Frankland es una prisión de máxima seguridad diseñada para albergar a condenados por delitos graves en régimen de aislamiento. Entre sus protocolos internos, la seguridad de los internos catalogados como “peligrosos” se refuerza de manera constante, pero incidentes como este muestran las dificultades que aún existen a la hora de garantizar la integridad física de todos los reclusos.
La policía local ha confirmado que ha iniciado una investigación formal sobre las circunstancias que rodearon el ataque que terminó con la vida de Huntley. Un informe preliminar será remitido al Ministerio Público británico para evaluar si se formularán cargos adicionales contra el autor material de la agresión o si habrá responsabilidades por posibles fallos de supervisión dentro del centro penitenciario.
El sistema de cadena perpetua en el Reino Unido no contempla, en la mayoría de los casos, la posibilidad de libertad condicional antes de cumplir varias décadas de prisión. Huntley había sido considerado uno de los presos de mayor peligrosidad, con un historial de incidentes violentos y amenazas a sus víctimas desde el inicio de su reclusión.
La madre de Samantha, Katie Bryan, también manifestó su opinión tras conocerse la muerte del excompañero. Según ella, siempre temió que Huntley pudiera intentar algún día establecer contacto con su familia. Con el fallecimiento, dice, ese temor ha desaparecido definitivamente. Katie destacó que la seguridad emocional de Samantha y del resto de la familia era ya irrecuperable después de tantos años de angustia.
El caso de Ian Huntley vuelve a poner sobre la mesa cuestiones éticas y legales relativas al trato de criminales de extrema peligrosidad en centros penitenciarios, así como el derecho de las familias de las víctimas y de los condenados a expresar su desacuerdo con los rituales funerarios tradicionales.


