
Imagen satelital del estrecho de Ormuz tras los ataques con bombas de penetración profunda (Foto: Instagram)
El Exército americano afirmó haber empleado bombas de penetración profunda contra varias instalaciones de misiles iraníes situadas a lo largo de la costa. Según el comunicado oficial, las municiones alcanzaron depósitos subterráneos y hangares reforzados, en una operación orientada a degradar la capacidad de lanzamiento de misiles de Irán. El anuncio fue emitido por voceros militares sin detallar la fecha exacta de los ataques ni las plataformas aéreas empleadas.
Las bombas de penetración profunda, también conocidas como “bunker busters”, están diseñadas para penetrar capas de hormigón, acero y tierra antes de detonar, neutralizando objetivos fortificados. Estos sistemas cuentan con carcasas reforzadas y cabezas explosivas de alto poder, capaces de excavar decenas de metros de profundidad. El Exército americano subraya que esa capacidad les permitió destruir almacenes subterráneos donde supuestamente se guardaban misiles de corto y medio alcance.
El uso de este tipo de armamento refleja el aumento de la tensión entre Estados Unidos e Irán en los últimos meses. Irán ha desarrollado una red de emplazamientos costeros para misiles balísticos y de crucero, con el fin de proyectar fuerza en el Golfo Pérsico y la región del estrecho de Ormuz. Al afirmar haber atacado esas instalaciones, el Exército americano pretende disuadir futuros lanzamientos y limitar las amenazas a sus buques de guerra y aliados regionales.
Históricamente, el Exército americano ha empleado bombas de penetración profunda en conflictos como los de Irak y Afganistán, donde se necesitaba neutralizar búnkeres y túneles. En la campaña de 2003 en Bagdad, por ejemplo, se usaron municiones BLU-109 para destruir infraestructuras subterráneas. En esta ocasión, la estrategia persigue objetivos similares pero enfocados en la red iraní de misiles costeros, considerada una de las piezas clave de su disuasión.
Aunque el comunicado no especifica el número de bombas lanzadas ni las bajas causadas, fuentes militares indican que los ataques se realizaron desde bombarderos estratégicos y aviones de apoyo táctico. La precisión de estos sistemas se basa en guías GPS y sensores de impacto que ajustan la trayectoria hasta el momento de la detonación. El Exército americano asegura que las municiones minimizan el daño colateral al concentrar la explosión bajo tierra.
Este operativo subraya un escalamiento en las operaciones estadounidenses en Oriente Medio, donde la contención de la capacidad misilística iraní es una prioridad declarada. A pesar de las sanciones económicas y las negociaciones diplomáticas en curso, la adopción de medidas militares de este calibre revela la disposición del Exército americano a emplear fuerza letal para proteger sus intereses. Por su parte, Irán no ha emitido aún una respuesta oficial a esta acusación, mientras la comunidad internacional observa con atención el desarrollo de los acontecimientos.


