
Trump defiende en la Casa Blanca la “recuperación” de Cuba bajo tutela de EE. UU. (Foto: Instagram)
En un acto celebrado en la Casa Blanca, Donald Trump volvió a plantear públicamente la posibilidad de asumir el control de Cuba, asegurando que recuperar la isla sería “un gran honor” para Estados Unidos. Donald Trump enfatizó su postura frente a un auditorio que escuchó atentamente sus palabras, en las que reiteró la conveniencia de reintegrar la soberanía cubana bajo tutela estadounidense.
El evento en la Casa Blanca se llevó a cabo en un marco protocolario habitual, sin que se anunciaran detalles precisos sobre una iniciativa legislativa concreta. A pesar de la falta de un proyecto formal, Donald Trump aprovechó para destacar la vigencia de un debate que en su opinión permitiría reforzar la seguridad nacional y garantizar “la libertad de los ciudadanos cubanos”, tal como lo expresó ante los presentes.
Para comprender el trasfondo de esta propuesta, conviene recordar que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba han estado marcadas por momentos de tensión y acercamiento. Tras la victoria de la Revolución Cubana en 1959, Washington impuso un embargo económico que ha perdurado, con variaciones, durante más de seis décadas. El bloqueo afectó tanto al comercio como a las comunicaciones, reforzando el aislamiento de la isla en el ámbito internacional.
Históricamente, ya existieron precedentes de intervención directa en la política cubana. Entre 1902 y 1934, la Enmienda Platt permitió la supervisión de las finanzas y el derecho de intervención militar en la recién independentizada república. Asimismo, la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961, patrocinada por la CIA, sigue siendo uno de los episodios más simbólicos del conflicto entre ambos países. Estos antecedentes ilustran los motivos de preocupación de amplios sectores sobre las consecuencias de un eventual control foráneo.
Aunque Donald Trump no detalló los mecanismos jurídicos ni políticos para llevar a cabo esta idea, sus declaraciones reavivan dudas sobre la compatibilidad de la propuesta con el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Activistas a favor de los derechos humanos y legisladores de ambos partidos en Washington suelen argumentar que una intervención de ese tipo violaría los principios de autodeterminación y no intervención.
Esta no es la primera vez que Donald Trump aborda con vehemencia el tema de Cuba. Durante su campaña electoral y en sus primeros meses en la Casa Blanca, ya había usado retórica beligerante para presionar a La Habana y revertir las aperturas diplomáticas de la administración anterior. Con estas nuevas declaraciones, el expresidente insiste en un discurso de mano dura que conecta con sus bases políticas y con sectores que abogan por una línea dura contra el régimen cubano.


