El Ministerio de Salud informó, este jueves 26, que Brasil registró 90 casos de mpox en los dos primeros meses de 2026. De ese total, 88 son casos confirmados mediante pruebas de laboratorio y dos son considerados probables. El estado de São Paulo concentra la gran mayoría de las notificaciones, con 63 ocurrencias, seguido por Río de Janeiro, con 15 casos. A pesar de la cifra, la mayoría de los pacientes presenta cuadros clínicos leves o moderados y no se ha registrado ninguna muerte en el país durante este año.
Además del eje Río–São Paulo, la enfermedad fue detectada en otros seis estados y en el Distrito Federal. En su nota oficial, el Ministerio de Salud destaca que “el país mantiene una vigilancia activa y una respuesta estructurada para la mpox” y recalca que el Sistema Único de Salud (SUS) está preparado para la identificación precoz y el tratamiento oportuno.
Según el panel gubernamental, la principal vía de transmisión sigue siendo el contacto sexual. Los datos de 2026 indican que el 60 % de los casos se ha registrado en hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres, mientras que las relaciones entre mujeres y las relaciones heterosexuales representan un 7 % cada una. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte, no obstante, que también es posible la transmisión por contacto físico con lesiones cutáneas, objetos contaminados o animales infectados.
El historial de la mpox muestra que se trata de una zoonosis causada por un ortopoxvirus de la familia Poxviridae. Originalmente descrita en macacos en los años cincuenta, la enfermedad se ha presentado de forma esporádica en varias regiones de África Central y Occidental durante décadas. Los primeros brotes fuera del continente africano cobraron relevancia global en 2022, cuando se detectaron cientos de casos en América, Europa y Asia. Entonces, la OMS declaró la situación como Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, aunque posteriormente revisó el estatus conforme se redujo la tasa de transmisión.
Los síntomas iniciales de la mpox incluyen fiebre, cansancio y dolores musculares. El signo más característico son las erupciones cutáneas, que evolucionan en varias fases: desde máculas y pápulas hasta vesículas y costras. En general, la enfermedad tiene un periodo de incubación de entre cinco y 21 días, y suele resolverse de forma espontánea en dos o tres semanas. No obstante, en personas con inmunodepresión o padecimientos crónicos, pueden presentarse complicaciones como infecciones secundarias o, en casos muy raros, daño respiratorio.
En Brasil, el acceso al diagnóstico y al tratamiento está garantizado por el SUS. Aunque no existe un antiviral específico aprobado para la mpox, se recurre a cuidados de soporte y a la prevención de infecciones secundarias. Desde principios de la pandemia de covid-19, el país reforzó su infraestructura de laboratorios y de vigilancia epidemiológica, lo que ha permitido agilizar la identificación de nuevos casos y la vigilancia de contactos.
Comparativamente, en 2025 Brasil cerró el año con 1 079 casos notificados y dos muertes atribuidas a la enfermedad. La actual tendencia indica un control más efectivo: pese a los 90 casos de los dos primeros meses, no se han registrado fallecimientos, y los brotes se concentran en zonas urbanas donde existe mejor acceso a los servicios sanitarios.
La lucha contra la mpox también incluye estrategias de comunicación para reducir el estigma y fomentar prácticas de protección. Organizaciones internacionales y nacionales insisten en la importancia de informar a las poblaciones de riesgo, promover el uso de barreras (como preservativos) y garantizar el seguimiento clínico de las personas expuestas.
En un contexto global, la experiencia acumulada tras la pandemia de covid-19 ha fortalecido la cooperación entre países y agencias de salud. Los mecanismos de intercambio de datos y los protocolos de respuesta rápida se han consolidado, lo que beneficia el control de brotes emergentes como la mpox. De cara al futuro, la OMS y los ministerios de salud de todo el mundo mantienen la recomendación de mantener la vigilancia, colaborar en estudios epidemiológicos y reforzar los sistemas de atención primaria para una detección precoz.


