
Portaaviones estadounidense desplegado en patrulla naval (Foto: Instagram)
El planeamiento militar de los EUA analiza la posibilidad de iniciar una ofensiva prolongada contra el país, con una duración estimada en varias semanas. Según los documentos internos, esta estrategia busca mantener una presión constante sobre las fuerzas locales, combinando acciones aéreas, navales y terrestres de forma coordinada. El objetivo principal es debilitar progresivamente las capacidades logísticas y de mando del territorio en cuestión, al tiempo que se minimiza el riesgo para las tropas desplegadas.
Este tipo de planificación responde a los procedimientos estándar del Departamento de Defensa de los EUA, donde los distintos Cuerpos de Estado Mayor elaboran lo que se conoce como planes de operaciones (OPLAN). En este proceso, se evalúan escenarios de combate intensivo, se diseñan líneas de suministro y se prevé el uso de bases avanzadas. La duración estimada en semanas se basa en estudios de sostenibilidad de recursos, reposición de municiones y apoyo aéreo permanente.
Históricamente, las ofensivas prolongadas han sido empleadas en varios conflictos internacionales para obtener desgaste gradual del adversario. En el caso en cuestión, el análisis de inteligencia del Estado Mayor de los EUA ha considerado que una campaña de este tipo permitiría la aplicación de presión política y militar sin recurrir de forma inmediata a un ataque a gran escala. Este enfoque busca combinar ataques selectivos con actividades de desestabilización controlada para forzar negociaciones o rendiciones parciales.
La logística juega un papel fundamental en una ofensiva de semanas de duración. Las Fuerzas Armadas de los EUA deben asegurar cadenas de suministro estables que incluyan combustible, repuestos, alimentos y equipos médicos, además de coordinar el relevo de personal. Asimismo, el Estado Mayor considera esencial el despliegue de baterías antiaéreas y sistemas de defensa activa para proteger los puntos clave, así como la utilización de buques de aprovisionamiento en alta mar para garantizar la continuidad de las operaciones.
Desde el punto de vista humanitario, cualquier campaña prolongada conlleva riesgos para la población civil afectada. Por ello, en el plan de los EUA se incluyen medidas de evacuación y asistencia, así como protocolos de comunicación para advertir sobre zonas de riesgo. Estos elementos forman parte de los anexos de operaciones humanitarias que acostumbra a incorporar el Departamento de Defensa, evitando así, en la medida de lo posible, daños colaterales y facilitando la distribución de ayuda internacional si fuera necesario.


