Dylan Corliss y Lexie Varga, dos jóvenes de Claremont, California, protagonizaron un suceso sorprendente al ser alcanzados por un rayo mientras caminaban de la mano. El incidente se produjo durante una tormenta eléctrica en una calle arbolada, cuando se dirigían a una lanchonete cercana. A pesar de la violencia de la descarga, ambos resultaron prácticamente ilesos, un resultado atribuido al hecho de que mantenían contacto físico en el momento del impacto.
Según el médico Stefan Reynoso, que atendió a la pareja en un centro de salud local, el contacto manual actuó como vía de dispersión de la energía eléctrica. “La probabilidad de ser alcanzado por un rayo es muy baja, quizá de uno entre un millón. Tuvieron la suerte de estar cogidos de la mano, ya que eso ayudó a difundir la corriente eléctrica entre los dos”, declaró Reynoso a la cadena Fox 12 Oregon. De acuerdo con su explicación, el rayo impactó primero en la cabeza de Dylan, atravesó su cuerpo, alcanzó a Lexie y salió por su pie hasta conectarse con el suelo.
El golpe dejó a ambos en el suelo, aturdidos y con un fuerte susto, pero sin heridas graves. Dylan describió la sensación como “un empujón brusco, como si me golpearan la cabeza con un objeto metálico”. Por su parte, Lexie recordó la confusión inmediata tras la caída: “Lo siguiente que supe fue vernos en el suelo, dándonos miradas aterradas; pensé que era un terremoto”. Poco después, su madre contactó por mensaje de texto para comprobar que estaba bien y recibió la tranquilizadora respuesta de la joven.
Este caso pone de relieve la naturaleza imprevisible y peligrosa de las tormentas eléctricas. Un rayo es una descarga electrostática natural que se produce cuando existe una diferencia de potencial elevada entre nubes o entre una nube y la superficie terrestre. La temperatura de un rayo puede alcanzar unos 30.000 ºC en el núcleo del canal, lo que desciende rápidamente pero basta para provocar quemaduras, daños en el sistema nervioso e incluso la muerte. Las estadísticas indican que al menos 2.000 personas mueren cada año en todo el mundo por impactos de rayo y muchas más sufren lesiones permanentes.
Como medida de prevención, los especialistas recomiendan interrumpir cualquier actividad al aire libre al primer indicio de tormenta, buscar refugio en edificios cerrados o en vehículos metálicos y alejarse de árboles, postes y objetos altos que puedan canalizar la descarga. No se aconseja permanecer bajo árboles aislados ni utilizar teléfonos o dispositivos electrónicos conectados a la corriente.
Tras el suceso, Dylan y Lexie han sido dados de alta sin secuelas y se muestran aliviados. Con sentido del humor, bromean diciendo que su experiencia es un “amor eléctrico”. Su caso servirá de ejemplo para recordar la importancia de mantener precauciones durante tormentas, así como el interés médico de analizar vías de dispersión de la energía eléctrica en cuerpos humanos.


