Considerada una de las figuras más icónicas de Hollywood entre las décadas de 1930 y 1950, Hedy Lamarr no solo deslumbró por su belleza y talento en la gran pantalla, sino que también dejó una huella imborrable en el ámbito de la tecnología. Durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró con el compositor George Antheil en el diseño de un sistema de salto de frecuencia que resultó fundamental para garantizar comunicaciones militares seguras. Esa misma base tecnológica, años después, se convertiría en el pilar de desarrollos como el wi-fi y el bluetooth.
Nacida en Austria en 1914, Hedy mostró desde niña un vivo interés por las artes, la música y el funcionamiento de las máquinas. Impulsada por sus padres, combinó estudios de teatro con experimentos caseros en los que desarmaba y montaba engranajes. Su carrera cinematográfica empezó a despuntar tras protagonizar la película Ecstasy en 1932, un filme que la lanzó al estrellato gracias a su magnetismo en pantalla y a su valentía para asumir papeles controvertidos.
En 1933 contrajo matrimonio con Fritz Mandl, un empresario de armamento vinculado a líderes nazistas. Durante esa etapa, Hedy tuvo acceso a reuniones de la élite política y militar, donde obtuvo conocimiento directo sobre tecnologías bélicas. Tras denunciar un ambiente de control y abuso, se divorció, huyó a Londres y luego se estableció en Estados Unidos. Ya en Hollywood, recibió el apoyo del empresario y piloto Howard Hughes, quien la animó a montar un pequeño laboratorio en el tráiler que utilizaba en los estudios.
Fue en ese taller improvisado donde surgieron varias de sus creaciones, que iban desde mejoras para semáforos hasta el diseño de pastillas saborizadas que se disolvían en agua. Sin embargo, su aporte más notable vino de la mano de George Antheil durante un ensayo musical. Al observar el modo en que un piano sincroniza sus teclas, Hedy comprendió que transmisor y receptor podían “saltar” juntos entre distintas frecuencias, reduciendo así el riesgo de interferencias y secuestro de señal.
La pareja presentó esta idea como un método para guiar torpedos sin que el enemigo pudiera localizar la frecuencia de transmisión. La proposición fue entregada a la Marinha dos Estados Unidos, pero fue descartada en aquel momento. El proyecto quedó olvidado hasta 1962, cuando se retomó durante la Crise dos Mísseis de Cuba y más tarde en la Guerra do Vietnã. Con el tiempo, el principio del “espectro alargado” se convirtió en la base de la comunicación inalámbrica moderna.
A pesar de la trascendencia de su invento, Hedy Lamarr no recibió reconocimiento inmediato. No fue hasta 1997 que ella y Antheil obtuvieron el Prêmio Pioneer, considerado el “Oscar de los inventores”. En 2014, ingresó en el Hall da Fama da National Inventors. Lamarr falleció en 2000 a causa de complicaciones cardíacas, y su legado perdura como un ejemplo extraordinario de cómo la creatividad artística y el ingenio científico pueden converger en una sola persona.


