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Tras la firma en Paraguay, el tratado Mercosur-UE entra en fase decisiva de aprobación parlamentaria y podría aplicarse comercialmente en 2026

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Banderas de Brasil y Mercosur ondean tras la firma del acuerdo con la UE en Asunción. (Foto: Instagram)

El acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, suscrito recientemente en Asunción (Paraguay), ha iniciado su etapa más crítica: la revisión y ratificación por parte de los parlamentos nacionales y del Parlamento Europeo. Este paso es imprescindible para que el pacto alcance plena vigencia y permita, a partir de 2026, el intercambio comercial con aranceles reducidos o eliminados. La firma en territorio paraguayo marca un hito tras décadas de negociaciones, pero su futuro dependerá del visto bueno legislativo en los países implicados.

En el seno de la Unión Europea, el documento será sometido primero a debate y votación en comisiones especializadas del Parlamento Europeo. Tras esta aprobación, cada uno de los Veintisiete Estados miembros deberá revisar el texto y ratificarlo según sus procedimientos internos, que pueden incluir referendos, revisiones parlamentarias o autorización del jefe de Estado. Paralelamente, en la región del Mercosur —formada por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— los congresos nacionales emprenderán un análisis similar, asegurando la compatibilidad con sus sistemas legales y económicos.

El camino hasta este momento ha sido largo. Las negociaciones formales arrancaron a finales de la década de 1990 y, tras periodos de estancamiento, se reavivaron en 2016. El acuerdo final fue cerrado en junio de 2019, aunque quedó en suspenso a la espera de las aprobaciones políticas y de la superación de obstáculos técnicos, como cuestiones sanitarias agrícolas y defensa de indicadores ambientales. La firma en Paraguay responde al compromiso de ambas partes por concluir un pacto que promete dinamizar el comercio interregional.

Desde el punto de vista económico, el tratado prevé la eliminación de prácticamente el 93 % de los aranceles sobre bienes industriales y servicios dentro de un período gradual de entre cinco y diez años. Sectores clave, como el automotriz europeo y el agrícola sudamericano —cereales, carne bovina y productos lácteos—, se preparan para aprovechar la apertura de mercados. Además, se incorporan salvaguardias destinadas a proteger industrias sensibles y cláusulas de revisión periódica para garantizar un equilibrio duradero entre las partes.

Si se cumplen los plazos previstos, el acuerdo podría entrar en vigor de forma provisional tras la ratificación del Parlamento Europeo y dos países mercosurianos, lo que permitiría el inicio de beneficios comerciales antes de su aprobación definitiva por todos los Estados. La fecha estimada de aplicación comercial en 2026 dependerá de la velocidad con la que los 32 parlamentos (27 europeos y 5 de Mercosur, incluyendo a Venezuela en espera de su reincorporación completa) completen sus trámites. En caso de obstáculos, el proceso podría prolongarse, pero la voluntad política mostrada en Paraguay refuerza las expectativas de que los intercambios bajo este acuerdo se consoliden a mediados de la próxima década.

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